Baja calidad y desigualdad: las cruces de nuestra educación
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Hemos avanzado mucho en medir la calidad de la educación, pero muy poco o nada en mejorarla. Crece la brecha entre los alumnos más ricos de los colegios privados y la inmensa mayoría de los jóvenes que asiste a la educación pública. En el país se hacen pruebas para determinar la calidad de la educación pero no se aprende lo necesario de ellas, y se sigue culpando únicamente a las condiciones socioeconómicas de los estudiantes como la causa de nuestro estancamiento.
Autoría exclusiva de Pedagogía Dialogante
Como siempre, quedan muchos aspectos por fuera del examen: la autonomía, la solidaridad, las competencias para investigar, la integralidad, la sensibilidad, el arte o el deporte, entre otros. Igualmente, en educación es imposible hablar de calidad sin tener en cuenta qué tan pertinentes son los currículos y los fines que se pretenden.
Pero lo que ha hecho el ICFES es sumamente importante ya que entre múltiples competencias eligió tres esenciales para trabajar en la educación: argumentar, interpretar y proponer. Y al evaluarlas, se obtiene información fundamental para los municipios, las Secretarías de Educación, los rectores, las instituciones educativas, las universidades y los estudiantes.
Esta información incluye promedios y desviaciones por áreas, por institución y por entidades territoriales, lo que nos permite establecer líneas de tendencias, niveles de dispersión de los resultados, fortalezas y debilidades por competencias, instituciones, áreas y regiones, entre otros.
Por todo lo anterior, hay que felicitar al ICFES por su labor durante las dos últimas décadas, ya que nos ha acercado a un diagnóstico general y adecuado sobre la calidad de la educación en Colombia.
Muy pocos usos
Si las evaluaciones anteriores fueran aprovechadas pedagógicamente por los secretarios de Educación y los rectores, ellas habrían sido decisivas para mejorar la calidad de la educación en Colombia.
Pero infortunadamente no ha sido así: los colegios y municipios a los que le va mal esconden la información, y en los escalafones se destacan solo a los punteros mientras el resto no aprende nada del proceso.
Para completar, una buena parte de las universidades y los académicos se quedan peleando contra las pruebas y no aprovechan la valiosísima información que estas les brindan.
Las pruebas 2014
Las conclusiones que se desprenden de las últimas pruebasICFES para el grado 11son muy sencillas:
- En calidad estamos mucho peor de lo que cree la gente, y
- Más grave aún, no hemos mejorado en los últimos catorce años.
Estamos creando así una sociedad cada vez más desigual, y se están ahondando las brechas entre un grupo de estudiantes de estratos medios y altos cuyos colegios privados brindan más calidad, y la mayoría de estratos bajos que padecen una educación pública estancada y con muy bajos niveles de calidad, reflexión pedagógica y modificación.
No mejoró la calidad de la educación y los niveles de comprensión lectora y desarrollo del pensamiento siguen siendo muy bajos. Por ejemplo, en lenguaje solo un 3 por ciento de los alumnos logra niveles altos en argumentación, interpretación o competencias propositivas después de doce años de educación.
Esto indica que solo un grupo muy pequeño de estudiantes está recibiendo educación de calidad, y una democracia exige que independientemente del origen social, género, región o etnia, un joven pueda ascender socialmente gracias a su esfuerzo y dedicación.
Si comparamos los resultados de 2000 y los de 2014, podemos decir que en Colombia hay unos 800 colegios que mejoraron bastante sus resultados, pero hay casi 11.000 instituciones que siguen estancadas y unos 500 colegios que empeoran. Por eso el promedio nacional no ha mejorado y seguimos alcanzando puntajes inferiores a 50 sobre 100 puntos posibles.
Los colegios que mejoraron son casi todos de estratos medios y altos y los que se estancaron o deterioraron son colegios a donde asisten niños y jóvenes de estratos 1 y 2.
Algunos colegios privados se reorganizaron, cambiaron sus currículos, intensificaron las reuniones de maestros, evaluaron a sus docentes y procesos pedagógicos, y establecieron planes de mejoramiento y compromisos. Así mismo coordinaron sus equipos docentes por ciclo y por área para revisar sus procesos de mediación y evaluación. Estos colegios asumieron y ampliaron la autonomía que les dio la Ley general de educación de 1994 y cualificaron su trabajo pedagógico.
Otro amplio grupo de colegios privados y la casi totalidad de colegios públicos siguieron haciendo lo que hacían: una educación rutinaria, mecánica y tradicional, sin modificar la formación, las reuniones de los docentes ni los lineamientos curriculares.
Eternizar las diferencias
A mediados del siglo pasado algunos de los colegios de mayor renombre eran públicos, como el Nicolás Esguerra o el Camilo Torres. Pero en las últimas pruebas, el Camilo Torres quedó en el puesto 3.674 para la jornada de la mañana y en el 11.341 para la jornada de la noche, y algo similar ocurrió con el Nicolás Esguerra.
Algunos pedagogos y docentes creen que es injusto comparar los resultados de regiones y contextos diferentes. En esto tienen algo de razón, ya que son colegios de condiciones sociales, económicas y culturales diferentes. Pero no ven que más injusto es tener un sistema educativo que agrava las inequidades por estrato, género y región a medida que pasan los años y los grados. El problema no está en las pruebas, sino en la inequidad creciente que ellas reflejan, y en nuestra impotencia actual para revertir esta situación.
Las distancias en procesos de pensamiento y comprensión lectora están creciendo. Por ejemplo, los primeros colegios de Bogotá - todos ellos privados- obtienen un promedio tres y media veces superior a los últimos colegios de la ciudad (con puntajes de 77 los primeros y 22 para los últimos).
Hoy solo existen en Colombia 500 colegios del calendario A con puntajes superiores a 60 (sobre 100), mientras que los 11.000 colegios restantes muestran promedios inferiores a 59. Y por regiones, Boyacá le toma una ventaja significativa a Chocó, Amazonas y Magdalena.
Si miramos los primeros 250 colegios del calendario A para el acumulado de los resultados SABER 11 entre los años 2012 a 2014, tan solo hay 7 colegios oficiales entre ellos, y solo uno de Bogotá: el Instituto Técnico Central.
En la lista se destacan también el Colegio Humboldt de Barranquilla y el Liceo de la Universidad de Nariño, y esto se debe a que desde hace tiempo en ellos hay procesos muy interesantes de reflexión pedagógica entre sus docentes y liderazgo pedagógico de sus rectores.
Como demuestra un estudio del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de Calidad de la Educación (LLECE), los alumnos que logran mejores resultados tienen como profesores a docentes que no atribuyen los bajos resultados a "condiciones familiares". Según las pruebas PISA 2012, el 14 por ciento de las diferencias puede ser atribuido a factores familiares, pero el resto debe ser explicado por factores pedagógicos y de gestión.
Desafortunadamente, en Colombia seguimos creyendo que los bajos rendimientos se deben a la condición socioeconómica de las familias, y por tanto no hemos hecho las reformas pedagógicas necesarias para mejorar la calidad de la educación. La explicación socioeconómica, que solo es parcialmente válida, ha frenado la reflexión pedagógica y los cambios en el currículo y en la formación de los docentes.
Así que lo que falta - sobre todo - son ideas, creatividad, innovación, decisión, compromiso y voluntad en el Ministerio y las Secretarías de Educación, en los docentes, en el sindicato, en los padres y en la sociedad civil.