Jornada escolar única: más fácil decirlo que hacerlo
lunes, 28 de julio de 2014
Se necesitan cambios pedagógicos y estructurales profundos. Lo invitamos a ver un análisis de Francisco Cajiao, rector de la Fundación Universitaria Cafam, exsecretario de Educación de Bogotá y columnista sobre temas educativos de EL TIEMPO.
Autoría exclusiva de Francisco Cajiao - El Tiempo.com
Un punto de coincidencia de las campañas a la Presidencia fue la necesidad de ampliar la jornada escolar para conseguir lo que se acuñó como la "jornada única". Esto, en términos simples, significaría que los niños asistieran al colegio ocho horas diarias en lugar de las cinco que hoy tienen como tiempo de permanencia en los planteles escolares.
A primera vista se trata de una decisión administrativa cuya aplicación solo requiere voluntad política y una inversión de recursos adicionales que permita costear ampliaciones de infraestructura y equipamiento.
En aritmética elemental se podría decir que si la población que hoy se atiende en varias jornadas cuenta con maestros suficientes, no sería necesario aumentar, de manera significativa, la planta docente, ya que bastaría con reacomodar los mismos profesores en una sola jornada de todo el día.
Sin embargo, una decisión de esta naturaleza reviste complejidades que exigen una reforma educativa integral que incluye una revisión profunda de los currículos, las condiciones laborales de los maestros, la remuneración, los modelos de gestión local y el rediseño de las instituciones educativas, de tal manera que las estrategias educativas se adapten a las condiciones particulares de cada lugar del país.
En la actualidad hay muchos centros urbanos en los cuales sería relativamente sencillo resolver los problemas de infraestructura, ya que el número de estudiantes no es muy grande y la disponibilidad de espacio físico para nuevas construcciones es abundante.
En algunos de estos lugares la movilidad no representa problemas significativos y existen instalaciones y ofertas institucionales que, articuladas en sistemas locales, podrían generar extraordinarias posibilidades de innovación y desarrollo que con un adecuado acompañamiento apuntarían a transformaciones profundas. También en estas localidades muchos maestros tienen disponibilidad de tiempo y con estímulos económicos interesantes sería posible que dedicaran unas horas adicionales a su labor.
Sin embargo, esta no es la situación de las ciudades más populosas, en las cuales no hay espacios urbanos disponibles para la construcción de colegios, la movilidad y la seguridad hacen muy difícil la articulación de otras instalaciones urbanas y ofertas educativas variadas y los maestros se ven obligados a realizar actividades laborales complementarias para mejorar sus ingresos, por lo cual tendrían serios reparos a concertar una jornada de trabajo diferente a la que tienen actualmente.
Estos son algunos de los elementos que hacen muy compleja una transformación como la que se ofreció desde los partidos que aspiraban a la Presidencia, incluyendo al Mandatario electo. Pero lo que no se ha dicho todavía es que más tiempo escolar no significa automáticamente mejor educación. Es claro que una jornada más extensa puede ser más propicia para fomentar la convivencia, disponer de más tiempos de descanso entre clases, desarrollar actividades culturales y deportivas, fomentar las iniciativas de los estudiantes o intensificar el tiempo que se dedica a áreas fundamentales, como la matemática o las ciencias.
Estas son oportunidades que se deben ofrecer a todos los niños y jóvenes de la educación básica del país y que en la actualidad están reservadas solo a los colegios privados de muy alto costo.
Pero también es claro que eso no se logra por el simple aumento de la jornada. Bien puede suceder que esas horas adicionales no representen ningún valor real en materia de calidad, que se siga haciendo lo mismo de siempre en más horas, que las instituciones continúen con rutinas tradicionales y que terminen por generar efectos paradójicos como mayores tasas de deserción por aburrición, que ya es una causa significativa de abandono escolar en la secundaria.
Es indispensable abordar este tema como la oportunidad de replantearse todo el modelo escolar que tenemos: la articulación entre los diversos ciclos educativos, la implantación de nuevos paradigmas pedagógicos, la relación entre la educación inicial, la básica, la media y la superior.
También conviene examinar la articulación local entre las instituciones educativas, los centros culturales, los institutos de ciencia y tecnología y el mundo empresarial. En el mundo contemporáneo la escuela no es capaz de recoger todo el conocimiento que circula por los diversos espacios de la sociedad y los niños y jóvenes aprenden muchas cosas de formas novedosas y estimulantes sin que esos aprendizajes sean reconocidos y valorados.
Bien valdría la pena iniciar estas discusiones considerando propuestas diversas, estimulando la participación de las regiones, de los maestros, de los estudiantes y, muy importante, de las experiencias internacionales que todavía muestran fuertes contrastes entre los beneficios y las frustraciones relacionadas con la extensión de la jornada escolar.
Podría decirse que este es uno de esos propósitos que requiere una acción lenta pero sin pausa, entendiendo que se requerirá al menos una década para afianzar un cambio que valga la pena.