Foros educativos: inercia y pertinencia Marta Lorena Salinas

martes, 22 de septiembre de 2009

18/09/2009 El Colombiano

Marta Lorena Salinas - Medellín | Publicado el 18 de septiembre de 2009

En el enunciado del título de esta columna se atrapa la ambivalencia a que se ve expuesta la práctica corriente de los debates públicos que, por más que conciten la atención de muchos y tal vez constituya una de las pocas oportunidades en que se deja oír la voz de los más interesados, no conllevan efectos vinculantes ni obligan a las partes a establecer acuerdos sobre los aspectos fundamentales en disputa. Y esto es así, porque con frecuencia no resulta claro el objeto de la disputa.

La intención benigna de exponer en público las concepciones, ideales e intereses de los grupos, desde luego, está a salvo de toda sospecha. Es una práctica que toca al corazón mismo de una democracia auténtica. No la que se ve reducida por fuerza de la tradición al gobierno de las mayorías, o a la inercia del pasado, sino la que toma en cuenta la expresión de las disidencias, cede el paso a las interpelaciones o refutaciones, pero jamás condena al silencio o a la exclusión. Que invita al trabajo cooperativo, sin renunciar a las diferencias, ni escurrirse ante los conflictos, sobre la base del reconocimiento de las identidades múltiples e intereses divergentes, que son posibles de manifestarse gracias a las reglas aceptadas por todos quienes participan del juego.

El país ha cobrado experiencia a lo largo de las dos últimas décadas en la movilización social en torno a los temas educativos, aunque sin la continuidad, claridad y eficacia que éstos demandan. Es así como han podido ser escritos a miles de manos Planes Decenales de Educación, sin dejar de mencionar ese acontecimiento histórico que fue la llamada Misión de Sabios, que si bien reunió a los cerebros más selectos, estuvo precedida de una amplia consulta entre las comunidades académicas y gozó en su hora de una fervorosa simpatía. Cabe preguntar, sin embargo: ¿Qué ha sido de dichas experiencias? ¿Son visibles los efectos de transformación en el sistema educativo colombiano? ¿Es la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes de hoy más pertinente, más competitiva, más adecuada a las exigencias del desarrollo en la época de la globalización? ¿Es una educación que forma ciudadanos críticos y dignos capaces de dar respuesta a los retos del presente y del futuro?

Son éstas justamente las preguntas que guían la realización de los foros locales y regionales que anteceden al XIV Foro Educativo Nacional, que tendrá lugar en Bogotá a mediados de octubre, con el tema de una educación pertinente al servicio del desarrollo, la competitividad y la productividad, convocando de modo especial a empresarios grandes y pequeños, industriales, comerciantes, dispuestos a sentarse en la misma mesa con las comunidades académicas y las instituciones educativas, con el propósito de enfrentar sin eufemismos la cruda realidad de una educación que no logra encantar a la vida, que no puede enamorarla, mientras ésta -la vida- se hace cada vez más dispersa, confusa y oscura.

Pero no se crea que éstas son palabras que acompañan el canto del cisne, pues mientras se puedan pronunciar las lecciones de maestros, no dejaremos de reafirmar que en la raíz del oficio pedagógico permanece latente el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia.