¡No más vírgenes!
lunes, 23 de junio de 2008
23/06/2008 El País -- Opinión -- Alberto Silva Scarpetta.
Por: Alberto Silva Scarpetta.
Un importante catedrático de una universidad caleña hacía la comparación entre el desarrollo económico y el cultural en nuestro país. De esta manera, mostraba el profundo abismo que los separa. Una brecha cada vez más distante. Por un lado, el económico se mueve con rapidez al ritmo de los tiempos modernos, mientras que el cultural lo hace con cadencia paquidérmica.
Muy pocos han dejado de percibir la manera como avanzan las formas económicas representadas por diversas empresas de todo tipo, sistemas, estilos y técnicas de trabajo que causan admiración. La informática, una de ellas, va a paso acelerado, al punto que sus generadores y receptores en cuestión de meses pueden quedarse rezagados con respecto a las nuevas generaciones.
En tanto, la cultura no marca el paso. Un ejemplo contundente es la promoción de vírgenes, sobre todo por la televisión, en tiempos de Semana Santa o simplemente en días corrientes. Es curioso que las apariciones de vírgenes ocurran, por lo general, en los campos y veredas, lo mismo que en los barrios más pobres de las ciudades. Allí hacen apariciones vírgenes llorando lágrimas de sangre, rostros del Divino Salvador en algún tronco de un árbol, la imagen del Crucificado en el barranco de cualquier carretera, en fin, inimaginables temas religiosos, siempre donde existen niveles culturales y de educación de menor rango en el país.
¿Por qué, ante tanta promoción de vírgenes, éstas no hacen sus apariciones ante universitarios ni se aparecen en los estratos altos de los centros urbanos? Lo más aberrante es la forma como los curas en las parroquias y algunos directores de programas de televisión cohonestan y autorizan la emisión de este tipo de información.
Más grave aún, cuando éstos son personas, por lo general, de rango universitario, que conocen muy bien que con esa forma de ganar audiencia y feligresía distancian cada vez más a la gente del verdadero desarrollo cultural al que tienen derecho.
La brecha hay que cerrarla. Cultura no son solamente los conocimientos literarios, artísticos y científicos adquiridos, sino el entendimiento de la necesidad de que ellos abarquen al mayor contingente de la población colombiana, pero con técnica, como lo propone el Plan Decenal 2006-2016, del Ministerio de Educación Nacional.
En él deben estar comprometidas las instituciones religiosas y todas aquellas con influencia directa sobre grandes masas de la población.
A estas alturas no podemos darnos el lujo de tergiversar la educación de la gente en general. La educación es el pilar del desarrollo. A todos aquellos que no hayan podido acceder a ella, por haber estado lejos de las escuelas y colegios, por encontrarse en el campo, en lugares apartados o en barrios marginales, no podemos llegarles, a través de la televisión, con cuentos de apariciones de vírgenes y de otras imágenes, que no hacen otra cosa que devolverlos un siglo atrás inapelablemente.
Es mejor, y valga la comparación, utilizar la televisión para ver el espléndido campeonato europeo de naciones, donde no se sabe que admirar más, si la técnica de las transmisiones o la del fútbol moderno o la educación y profesionalismo con que se tratan entre sí los jugadores de los equipos en disputa. Allá se educa con fútbol, mientras acá lo intentamos todavía con vírgenes