Por una educación exigente
miércoles, 30 de abril de 2008
27/04/2008 El Mundo
Después de seis años de vigencia del Decreto 230, dictado en las postrimerías del gobierno Pastrana, en el que se establece que ningún colegio puede reprobar y hacer repetir el año lectivo a más del cinco por ciento de los estudiantes de cada curso, el Ministerio de Educación se muestra al fin resuelto a revisar esa norma, en atención a las múltiples quejas de que, contrario a lo que creían sus inspiradores y defensores, no ha servido para reducir la deserción escolar ni siquiera para aliviar la supuesta frustración de los niños frente a las malas calificaciones.
Por el contrario, se constata en la práctica que dentro de ese 95% restante, son muchos los alumnos que están siendo promovidos sin los fundamentos necesarios para comprender los contenidos del nuevo nivel de enseñanza, con una perniciosa incidencia sobre la calidad de la educación porque se premia a los incompetentes con una promoción que los buenos estudiantes se ganan con talento y esfuerzo. Es lo que aquí hemos dicho en rechazo de la tristemente célebre "promoción automática", instaurada en 1987 por iniciativa del entonces ministro de Educación Antonio Yepes Parra, y extendida a la básica secundaria en 1997, con el ánimo novelero de imitar los sistemas educativos de algunos países europeos. Lo que se hizo con el Decreto 230 y el tope del 5% de perdedores fue instaurar un sistema mixto, aplicado en Alemania, España y Reino Unido, países con alto grado de desarrollo y un índice sumamente bajo de deserción escolar.
Como dice el docente e investigador John Ávila, la aplicación de esa norma ha tenido como consecuencias la promoción del facilismo y el conformismo en los muchachos, y los profesores se han visto imposibilitados para definir criterios pedagógicos porque deben promover a la gente por decreto. En eso coinciden especialistas, educadores, padres de familia, que han participado en los debates sobre el nuevo Plan Decenal de Educación, que prepara el ministerio del ramo con el liderazgo de la incansable ministra Cecilia María Vélez, por lo que ya nos parece que hay suficiente ilustración sobre la necesidad de revisar o revocar ese Decreto, como lo sugirió hace un año un grupo de investigación de la Universidad de los Andes. La señora ministra ha querido, sin embargo, mantener abierta la discusión a través de foros virtuales, consultas en línea y mesas de trabajo, para obtener más elementos, ya no sólo con respecto a la promoción sino a los sistemas de evaluación, tanto de los alumnos como de la calidad del servicio de docentes e instituciones y, en general, todos los aspectos susceptibles de mejoramiento dentro de un nuevo decreto que ella espera tener lista para aplicar a partir del 2009.
A nosotros nos parece que se debe suprimir el tope de perdedores y extremar los controles de calidad de la enseñanza. Es muy preocupante, por ejemplo, que las pruebas que el propio Ministerio ha venido aplicando desde 1991, sigan mostrando graves deficiencias de los estudiantes en las áreas de Lengua Castellana y Matemáticas. En la última de las evaluaciones de la Prueba Saber se encontró que en el área de Matemáticas solamente el 11% de los estudiantes era capaz de resolver adecuadamente problemas matemáticos, y que en Lengua Castellana tan sólo el 20% comprendía bien lo que leía.
En el ámbito internacional hemos tenido que admitir con sonrojo que no estamos bien. El Tercer Estudio Internacional de Ciencias y Matemáticas, TIMSS, realizado entre 1991 y 1997 con la participación de 41 países, Colombia ocupó el penúltimo puesto. El estudio revela notables diferencias en desempeños relacionados con el razonamiento abstracto, la solución de problemas y la comunicación escrita, al extremo de que solamente el 15% de los estudiantes de grado octavo respondieron las preguntas que exigían razonamiento abstracto y menos de la tercera parte de los estudiantes colombianos respondió correctamente preguntas que exigían análisis y capacidad de hallar solución en problemas de ciencias.
En tan pobres resultados tiene que estar incidiendo esa "promoción automática" de alumnos que están pasando al grado siguiente simplemente porque no quedaron dentro del famoso tope del 5%. Por eso creemos que se debe establecer que los alumnos que no aprueben un mínimo de materias, entre ellas, obligatoriamente, Español y Matemáticas, independientemente de cuántos sean, deben repetir el grado respectivo. Es verdad de Perogrullo que la educación es la más poderosa plataforma de ascenso social y si cada una de sus etapas no prepara muy bien para la siguiente, la frustración para el alumno y su familia ya no será por la pérdida de un grado, sino porque al final del proceso será un técnico o un profesional mediocre y muy probablemente un desempleado más con título, pero incapaz de competir en un medio cada vez más exigente.