El tiempo pasa volando

martes, 19 de febrero de 2008

06/02/2008 El Tiempo

Francisco Cajiao
Ver las cosas desde fuera es muy diferente a vivirlas desde dentro.

Cuando uno se va poniendo viejo tiene la sensación de que los años corren más rápido y son insuficientes para hacer todas las cosas que están pendientes en la vida. Hace dos años me despedí temporalmente de esta columna para dedicar la totalidad de mi tiempo a trabajar por los niños y niñas de Bogotá, desde la Secretaría de Educación. Por fortuna la hospitalidad que el periódico me ha ofrecido se mantuvo abierta y ahora regreso con el deseo de compartir con los lectores la experiencia extraordinaria de haber estado dentro de la administración educativa, en una ciudad enorme, con problemas inmensos y con desafíos que exigen muchos recursos económicos, pero, sobre todo, grandes dosis de imaginación y perseverancia. Es evidente que abrir oportunidades a las nuevas generaciones, en especial las más pobres, es tan urgente como difícil: no hay soluciones expeditas ni acciones mágicas. Se requiere tiempo y persistencia para modificar prácticas y generar confianza en los estudiantes, las familias y la ciudadanía.

Lo mejor de estos dos años fue la oportunidad de conocer miles de maestros y maestras completamente dedicados a su labor, demostrando cada día una dedicación y un afecto por lo que hacen que generalmente no es percibido por la opinión pública.
Cada día de contacto con ellos y ellas, en foros, talleres, eventos pedagógicos y encuentros casuales fue oportunidad de nuevos aprendizajes. Hay mucho conocimiento acumulado, y no siempre bien aprovechado, en los colegios de Bogotá. Tanto la educación oficial como la privada muestran una vitalidad que cada día sorprende, pero que requiere estructuras de participación y normatividades flexibles que permitan recoger y potenciar todo ese saber que se produce en las aulas. La experiencia de trabajo con universidades y entidades del sector privado fue muy productiva, porque permitió abordar muchos problemas de manera novedosa y profunda. Lo que pude constatar es que no es suficiente administrar bien los recursos, si ese requisito básico no se acompaña de contenidos académicos rigurosos de los cuales se hagan partícipes los maestros.

De todo esto quisiera alimentar esta columna de aquí en adelante, pues con seguridad mucha gente disfrutará de un aire de optimismo cuando haya la posibilidad de pensar en cientos de jóvenes adolescentes talentosos que desde condiciones socioeconómicas precarias son capaces de sobreponerse y producir ciencia y tecnología con un entusiasmo que ya quisiéramos ver en muchos adultos.

También hay temas complicados para el país: todo lo que se relaciona con la atención educativa a la primera infancia, la comprensión de la calidad como un tema esencial y complejo que se resiste a ser tratado como asunto operativo o meta de gobierno, la importancia de fortalecer las instituciones escolares, la urgencia de dar a la gestión de la educación en todos sus niveles una perspectiva ética... En fin, mucho he logrado aprender con un equipo de profesionales con quienes día a día compartí experiencias y preocupaciones orientadas a garantizar el derecho a la educación.

Hoy puedo reconocer que tenían razón algunas personas que me advirtieron que ver las cosas desde fuera era muy diferente a vivirlas desde dentro, con toda la responsabilidad y las restricciones que impone la realidad del país. También estoy contento porque con muchos maestros y el equipo que encontré en la Secretaría pudimos avanzar muy rápidamente en temas ante los cuales solo había escepticismo. Y, claro, logré descubrir temas que exigen nuevos debates y discusiones críticas que convoquen al Estado en su conjunto y a la sociedad para impulsar cambios urgentes. El Plan Decenal de Educación que se discutió en el 2007 deja retos inaplazables a la educación del país. Espero mezclar de una y otra cosa con la esperanza de seguir contribuyendo lo mejor posible al desarrollo de una sociedad que se tome en serio los derechos fundamentales de nuestras generaciones jóvenes.

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