Cobertura educativa en colegios de calidad. Por: Jorge Barrientos Marín
sábado, 05 de enero de 2008
05/01/2008 El Colombiano. Opinión
En los últimos años en Medellín y Bogotá han tenido la experiencia de la gestión y provisión de educación privada con medios públicos. Este esquema de administración educativa, basado en la cobertura y la calidad, se conocen como esquemas de concesión de colegios públicos y es, en últimas, un intento por confirmar si la educación privada podría enmendar las fallas sistemáticas del sistema educativo público, en especial, la rigidez de los colegios estatales en cuanto a contratación del personal docente, la gestión administrativa, académica, directiva y la interacción con la comunidad.
La Alcaldía de Bogotá desde 1999 (y a partir de ese momento por 15 años más) emprendió un programa de adjudicación de colegios públicos a instituciones privadas para su gestión. Dicho programa requirió obviamente un esfuerzo fiscal importante. Sin embargo, según investigaciones de Eduardo Sarmiento y otros (2005) expuestas en el informe Evaluación del Sistema de Concesión en Bogotá, el sistema tal como fue concebido ha servido para mejorar la gestión, aunque esto no se tradujo en una mejora significativa en los resultados del Icfes y en mejores indicadores de deserción escolar. De otro lado, Felipe Barrera (2006) (investigador del Banco Mundial) afirma que el sistema de concesión ha implicado que los alumnos de estos colegios (comparados con aquellos en colegios públicos) alcanzan en promedio 1 punto adicional en matemáticas y casi 2 puntos más en lenguaje en el examen Icfes. Además de una tasa menor de deserción, aproximadamente 1,7 por ciento. Una pregunta que podríamos hacernos es si el enorme esfuerzo fiscal compensa estos resultados en desempeño conjunto de alumnos y colegios.
En el año 2002 (y hasta 2006) la administración de Medellín hizo lo propio. Emprendió un programa de cobertura, en el cual 14 instituciones educativas fueron adjudicadas a nueve instituciones privadas. De acuerdo al decreto 4313 de 2004 también a esta experiencia en la cuidad se le debe llamar Concesión, que como el programa de Bogotá, pretendió llevar cobertura a zonas de alta demanda escolar y baja oferta educativa. Por eso los colegios estaban ubicados en zonas deprimidas y en ellos se atiende población de estratos 1 y 2 principalmente, caracterizada por problemas de violencia, desnutrición y pobreza. En Medellín el programa significó una inversión de 125 mil millones de pesos. Es deseable entonces saber si en términos de logro académico y de abandono escolar, los contribuyentes del Municipio pueden sentirse satisfechos con los resultados.
Respecto a la experiencia en Medellín, nuestras investigaciones en el Centro de Investigaciones y Consultorías de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia (Evaluación de la Gestión Privada del Servicio Público Educativo en Medellín), indican que el programa, si bien no fue un fracaso, la enorme inversión no se conduele completamente con los resultados obtenidos en cuanto a desempeño en pruebas Icfes, reprobación y deserción escolar. De acuerdo con dicho resultados, los estudiantes en colegios concesionados obtuvieron, en promedio, puntajes en la pruebas Icfes inferiores a los de sus pares en colegios públicos (en especial en lenguaje y matemáticas). Así como mayores tasas de deserción y reprobación.
El otrora alcalde Fajardo en su empeño por convertir a Medellín en la más educada emprendió un plan de cobertura con calidad para miles de jóvenes de la ciudad. Según la información que se tiene, son diez colegios de calidad con especificaciones técnicas, urbanísticas y arquitectónicas bien definidas (con una inversión inicial aproximada de 80 mil millones de pesos). Además, la gestión de los colegios estará regida por el principio de Escuela Abierta, lo que debería garantizar calidad en la gestión (académica, administrativa, directiva y comunitaria). Los planteles fueron construidos en sectores donde claramente la oferta educativa es reducida y cuya población joven ha enfrentado por años múltiples problemas socioeconómicos.
Las experiencias de Bogotá y Medellín, anteriormente señaladas, deben ser la guía con la cual la Secretaría de Educación Municipal haga un monitoreo exhaustivo de la gestión escolar y del desempeño de los estudiantes. Una evaluación de impacto seria y de calidad en el futuro nos dirá si en efecto el modelo de gestión impuesto por el programa Colegios de Calidad puede hacerse extensivo a otros colegios y si de verdad Medellín está por fin en la senda de ser la más educada.