Innovar o desaparecer. Por: Alfonso Monsalve Solórzano

martes, 04 de diciembre de 2007

29/11/2007 Revista Cambio. Opinión.

POR: ALFONSO MONSALVE SOLÓRZANO

Vicerrector de Investigación, U. de Antioquia.

La clave para que una nación crezca económicamente de manera sostenida está en la inversión que haga en ciencia, tecnología e innovación, C+T+I. Estamos en la sociedad del conocimiento. Aunque el concepto es objeto de discusión, una definición ampliamente aceptada señala que la producción intensiva del conocimiento y de servicios basados en éste y en la comunicación digital, es una de sus características centrales (junto con el capital y el trabajo), así como una creciente importancia de la educación para la investigación y la formación a lo largo de la vida.

La ciencia y el desarrollo tecnológico, que producen innovación, se han convertido en la primera fuerza productiva y en el corazón de la competitividad de las empresas y de los países. Las principales economías, tanto del Primer Mundo como de los países emergentes con un acelerado ritmo de crecimiento, tienen en común elevados niveles de inversión en C+T+I: en Estados Unidos es el 2,8% del PIB; en Japón el 3%; en la Unión Europea el 2,3%; en China el 2%, en Israel el 4%; en Corea y Singapur el 3%. Incluso, en Latinoamérica, Chile tomó la decisión de pasar del 0,7% al 1%, y Brasil, que en 2006 llegó al 1,2%, invertirá 28.000 millones de dólares hasta el 2010 para alcanzar el 1,5%.

En Colombia, a pesar de algunos avances, todo parece indicar que ni los políticos, ni los empresarios, ni la opinión pública han entendido a cabalidad la magnitud del asunto. Si el país quiere superar la distancia con otros países e insertarse con éxito en la economía global, si quiere acertar en la estrategia para superar el atraso y acumular la riqueza necesaria para generar equidad, si quiere ganar independencia en el concierto de las naciones, debe tener como prioridad nacional convertir su economía en una economía del conocimiento.

Estamos lejos de ello. Según el representante Jaime Restrepo Cuartas, coponente del proyecto de Ley en ciencia, tecnología e innovación que actualmente cursa en el Congreso, apenas destinamos 1,1 billones de pesos (unos 536,5 millones de dólares) en C+T+i, es decir, el 0,37% del PIB. Mientras Estados Unidos y Japón invierten, respectivamente, 1.500 y 900 dólares al año por habitante en esta actividad, Colombia apenas llega a 20.

El país no ha fijado sus prioridades en investigación. Colciencias, que coordina y financia parcialmente la materia, tiene este año un presupuesto de 145.000 millones de pesos, incluidos los 45.000 millones que recibe del Sena, dineros a los que hay que restar los gastos de funcionamiento. Pero además, aunque llamada a cumplir un papel importante en el desarrollo nacional, Colciencias no tiene jerarquía institucional, es apenas un instituto adscrito al Departamento Nacional de Planeación, DNP, y no cuenta con interlocución directa ni con los organismos del Estado que toman las decisiones importantes como la Presidencia y el Ministerio de Hacienda, ni con el mismo DNP. Algunos ministerios, como los de Protección Social, Agricultura y Comunicaciones, tienen recursos asignados a C+T+i, al igual que el Sena, pero falta coordinación y continuidad.

Los esfuerzos en producción científica y desarrollo tecnológico son reflejo de esa realidad. En 2004, Colombia produjo en 30 instituciones 1.042 artículos publicados en revistas científicas agrupadas en la base de datos Isi-Thompson y 1.172 en 2005. Para hacerse una idea, sólo las universidades de Sao Paulo y Autónoma de México produjeron en 2005, 5.038 y 2.730 artículos respectivamente. En cuanto al número de patentes, fueron otorgadas 310 en 2004 y 260 en 2005.

Ley para el sector

Ahora bien, parece que soplan vientos nuevos. Iniciativas como los Comités Universidad-Empresa-Estado, el primero de los cuales empezó a funcionar hace cinco años por iniciativa de la Universidad de Antioquia, comienzan a replicarse en otros lugares, lo que crea confianza entre los tres sectores y abre oportunidades de negocio. Pero sobre todo, lleva a empresarios y a gobernantes a que tengan claridad sobre el dilema en la globalización: innovar o desaparecer.

La idea de que la mundialización es un asunto de Nación pero también de región y de localidad se cuela a través de estos comités que han generado, como en el caso de Antioquia, la Corporación Tecnnova de empresarios y universidades de la región para promover la alianza entre productores, gobernantes y universidades. En la Feria Tecnnova de este año, algunos productores y universitarios, el Gobernador de Antioquia y el Alcalde de Medellín, pidieron en coro al Gobierno Nacional dinero para C+T+i y apoyaron la iniciativa de la ley que regule el sector.

El Presidente dijo allí que es consciente de la importancia de esta actividad y se comprometió a invertir recursos en la medida de lo posible. Habló de llevar la inversión en C+T+i al 1% en 2010, lo que implicaría pasar en tres años del 1,1 billones de pesos actuales a un poco más de 3,3 billones. Pero el aporte del sector privado, sobre todo del sector financiero, debe ser mayor porque todavía es muy tímido. Sin capital privado es imposible avanzar en C+T+i y si los productores y los banqueros nacionales no se ponen al frente, seguramente otros lo harán.

En este esfuerzo debe hacerse énfasis en la formación de doctores altamente entrenados. El país requiere unos 8.000 y sólo hay 1.200, la mayoría de ellos mayores de 45 años. Colciencias habla de apoyar a 500 anuales durante un lustro, pero el Ministerio de Educación eliminó el apoyo al doctorado en el nuevo crédito Acces, lo que significa que rubros importantes para la compra de infraestructura y movilidad, ligadas a los doctorados, ya no existirán a partir de 2009.

La ley que está en trámite apunta a resolver la falta de coordinación, a conseguir recursos y a darle estatus al sistema. Los ponentes, Jaime Restrepo y Martha Lucía Ramírez, hablan de un Departamento Administrativo adscrito a la Presidencia de la República. Cualquiera que sea la solución, lo cierto es que necesitamos una política de Estado que apueste por la C+T+I como motor de la economía.

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