Clases para aprender a trabajar mejor

viernes, 30 de noviembre de 2007

26//11/2007 Diario Hoy. Informe Especial

Los cursos de educación para el trabajo y el desarrollo humano, conocidos previamente como de educación no formal, se aprenden oficios específicos. Es decir que está basada en una relación con el sector productivo.

Allí nacen los técnicos laborales, especialistas en ciertos trabajos. Desde aprender a hacer un buen manicure hasta realizar un mantenimiento de computadores, coci¬nar o apoyar a un odontólogo.

Las técnicas, tecnológicas y profesionales brindan unas bases teóricas para realizar el trabajó. Sin embargo, si (o que usted quiere es laborar, y no le preocupa el trasfondo de los procesos, basta con obtener un certificado en estos institutos.

Este tipo de capacitación es la preferida en el país. Cada año, en Colombia se gradúan unos 12.000 bachilleres. De estos, solo el cinco por ciento ingresa a una universidad (aproximadamente 6.000). Aunque no hay cifras concretas, buena parte de los otros entran a centros de educación para el trabajo y el desarrollo, humano.

Para entrar a estos centros de formación no es necesario terminar el bachillerato. Basta con finaliar noveno grado. Además, tampoco se tiene que angustiar por sacar buenas notas. El certificado final de Aptitud Ocupacional se obtiene si asistió regularmente a clase.

Otra transformación que implica el nuevo nombre es que ahora los empleados podrán utilizar una parte de sus cesantías para costear matrículas en instituciones que impartan educación para el trabajo y el desarrollo humano.

El ministerio de Educación ya empezó a montar un sistema de control en el que se aspira supervisar la calidad de la formación que ofrecen estos lugares. Según estimaciones, existen más de seis mil institutos de educación para el trabajo y el desarrollo humano. En contraposición, en el país hay 279 instituciones de formación superior. Por lo tanto, es mucho más difícil vigilar a los primeros.

Se implantará un sistema de oficinas certificadoras. Esto quiere decir que el gobierno dictará unos parámetros de calidad que algunas empresas privadas analizarán en los centros de educación. Si los cumplen, las instituciones educativas obtendrán un documento para demostrar que son buenas.

Si bien tener tal certificado no será una obligación, los programas que lo consigan si serán mucho más competitivos. Los estudiantes podrán estar seguros de que la formación que reciben es buena si el centro tiene un documento que así lo determine.

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