Falla de la familia en la educación. Por: Jaime Duque Mejía

lunes, 26 de noviembre de 2007

22/11/2007 El Colombiano. Opinión.

En la edición del lunes 19, en el editorial y los columnistas Armando Montenegro y Jorge Barrientos Marín, analizaron el estado del sistema educativo con base en los resultados que muestran los bachilleres tanto en las pruebas del discutido ICFES como en el desempeño en la Universidad y llaman la atención del gobierno, de los planteles, de los estudiantes y de las familias acerca de la responsabilidad que les cabe en tan lamentable situación.

Sin que quiera restarle protagonismo a los otros actores mencionados, quiero referirme a la familia o mejor, a quienes son cabeza de familia, bien sean la pareja o solo la madre o el padre o quién haga ese papel, pues es evidente que son ellos quienes deben poner la cara en primer lugar para responder por tan grave deterioro de ésta generación.

Y explico mis razones por la afirmación anterior: Si la familia es la célula básica de la sociedad y como tal tiene funciones políticas y sociales que cumplir, ¿cómo es que ha permitido que las escuelas y colegios sean mediocres?, ¿cómo ha permitido que la televisión sea tan inmoral y corruptora?, ¿cómo se ha permitido a sí misma que una malentendida libertad de sus hijos y una tergiversación tan cacareada del "derecho" al libre desarrollo de la personalidad, haya llevado a sus hijos a conductas inaceptables moralmente?, ¿cómo es que la pareja por atender otros intereses no está atenta al principal de todos que es el de la formación de sus hijos?

Sé que para responder estas preguntas existen atenuantes pues se alega que los padres no están educados para los deberes que como tales les corresponde, pero francamente algo debe hacerse ya, y no por parte del Estado a quién siempre acudimos, sino por parte de los mismos padres, cabezas de familia.

El problema es grave y solo los padres unidos pueden solucionarlo si se deciden a mejorar la cultura de éste país. Ellos deben asumir su condición de agentes de cambio y hacerse escuchar para elevar el nivel académico y de exigencia de los órganos de la educación, para moralizar los medios de comunicación, para poner límites al desenfreno del ambiente farandulero, en fin, para restaurar la moral de la sociedad en todos sus órdenes. Está en juego el futuro del país y no es posible esperar más para la acción.

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