Ciencia y tecnología

lunes, 19 de noviembre de 2007

16/11/2007 La República. Editorial

Ambos conceptos son muy extraños en nuestro medio. Algunos lectores, con seguridad, habrán rehuido el tema tan pronto vieron el título. Lo rechazan, claro. Y les asusta, en ocasiones.

Ni siquiera en un diario de negocios como el nuestro somos la excepción. Cual si la economía y la actividad empresarial nada tuvieran que ver con el asunto.

Pero, tienen mucho que ver en realidad. Baste recordar que el espectacular crecimiento económico de las últimas décadas, sin precedentes en la historia de la humanidad, se ha generado en gran medida por los avances científicos y tecnológicos, los cuales a su vez amplían la brecha entre países ricos y pobres. Las pruebas al respecto saltan a la vista.

Más aún: la teoría del desarrollo muestra de tiempo atrás el enorme impacto positivo de la tecnología sobre el crecimiento, sabiendo de antemano que los factores de producción, así como la mayor productividad, están ligados a dicha variable. Se requieren, en fin, modernos equipos para competir, al igual que mano de obra capacitada para manejarlos.

Estamos, sí, en la era de la informática, en plena sociedad del conocimiento, y acá lo que se impone -repetimos- es la ciencia y la tecnología, naturalmente con los mayores niveles educativos, la formación a través de doctorados, el aprendizaje del inglés, etc., que son condiciones básicas, ineludibles, para poder entrar siquiera a campos tan especializados.

¿Y cómo estamos -cabe preguntar- en Colombia? Bastante mal, para ser sinceros. En materia de competitividad, nuestro país ocupa el puesto 69 en el mundo, que es modesto; a la investigación científica y tecnológica sólo se destina 0,37% del PIB, incluso menor al de otras naciones latinoamericanas; y un organismo como Colciencias sigue a la deriva.

La indiferencia del Estado en tal sentido es evidente. Y lo es del propio sector privado, de nuestras empresas, donde la inversión correspondiente es mínima, irrisoria, a diferencia de sus similares en el mundo desarrollado. Y hasta las mismas universidades no se libran de un balance tan crítico, pues la actividad investigativa suelen dejarla en segundo plano.

Nada nos ganamos, sin embargo, con llorar sobre la leche derramada. Visto el problema, hay que corregirlo, como pretende hacerse en buena hora a través de un proyecto de ley, presentado por Marta Lucía Ramírez y Jaime Restrepo Cuartas (reconocidas autoridades en la materia). Se trata, en verdad, de la Ley de Ciencia y Tecnología, digna de aplauso.

Que se mejore la infraestructura, para empezar. No con un Ministerio, que podría repetir las fallas de otros ya creados, sino con la conversión de Colciencias en un Departamento Administrativo, dependiente de la Presidencia de la República. Y obvio, con el aumento sustancial de su presupuesto, hasta llegar al 1% del PIB en el año 2010 y al 3% en 2019.

¡Excelente! Ahora no falta sino que el Congreso le dé trámite urgente a la iniciativa, para cuya ejecución se contemplan recursos provenientes de regalías, privatizaciones, etc., en aras de "ponerle dientes", sin quedarse en buenas intenciones. Y ojalá el sector privado se dé por aludido, pues ahí está en juego nada menos que su supervivencia. ¿Entendido?

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