Más allá del Plan Decenal de Educación.
viernes, 28 de septiembre de 2007
26/08/2007 El Diario del Otún (Pereira) Cultura.
Por Jaime Arias López y Gonzalo Hugo Vallejo Arcila
Una aguda controversia ha suscitado la publicación del Plan Decenal de Educación (2006-2015). Estas profundas reflexiones de un prestigioso abogado ex constituyente y un insigne educador, corren el riesgo -como muchas otras-, de quedar arrinconadas en los anaqueles de la desmemoria oficial y colectiva.
Las estrategias formuladas por un grupo de personalidades a quienes FECODE los consideró "ajenas" a la educación y sin evaluar a profundidad los alcances del Plan Decenal 1996-2005, formularon entre noviembre de 2006 y julio de 2007, 9 estrategias cuya redacción, significado y sentido han causado un sinnúmero de controversias. Sobre ellas se discutiría el nuevo Plan Decenal de Educación 2006-2015: Educación para la paz, la convivencia y la ciudadanía; cobertura articulada con calidad y equidad; multiplicación de la atención y educación de la primera infancia; educación para la autonomía en un entorno de creciente interdependencia; renovación pedagógica para mejorar el aprendizaje; educación con apoyo en los medios masivos de comunicación y para la apropiación crítica de sus mensajes; potenciación de la gestión y de la transparencia del sistema educativo; educación para la competitividad y ampliación de los horizontes educativos a todos los contextos sociales; ciencia y tecnología articuladas al sistema educativo.
Los "especialistas" que redactaron los temas de la "Agenda para un Debate Público, la Educación a consulta", nunca respondieron las preguntas que formularon distintos colectivos del magisterio y de la sociedad civil colombianos: ¿Para qué tipo de nación, sociedad, modelo de desarrollo y ciudadano está destinado este Plan? ¿El contenido del Plan lo decide la sociedad participativa o el Ministerio de Educación Nacional? ¿Se trata de validar la política actual del gobierno o elaborar participativamente una política pública educativa? ¿Ha quedado claro el grado de afectación que tendrá la educación con la puesta en marcha del TLC? ¿El Plan Decenal contará con los recursos económicos para lograr su financiamiento integral? ¿El PDE garantizará el derecho a la educación como un servicio público del cual es responsable el Estado? ¿El Plan Decenal dará respuesta a las denuncias y requerimientos por los organismos de control, el sindicato de educadores y diferentes sectores de la sociedad civil?
Generamos una propuesta educativa basada en el mundo ampuloso y utilitarista de las competencias sin una fundamentación histórica, filosófica ni pedagógica que rubrica el papel de la conciencia en las complejas actuaciones del ser humano. Platón ya lo había dicho: "El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano". Herbert Spencer subrayaba: "El objeto de la educación es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas y no para ser gobernadas por los demás". H. G. Wells advertía: "La civilización es una larga carrera entre la educación y la catástrofe". Oxens Tiern afirmaba: "La buena educación de la juventud es la prenda más segura de la felicidad de un Estado". James Garfield lo corroboraba: "Tan importante como la libertad y la justicia es la educación, porque sin ésta no pueden existir aquéllas".
Nos jactamos de haber descubierto la obviedad y hacemos novedoso el discurso ya imperecedero sobre los fines de la educación: la educación contribuye a preservar y desarrollar la calidad de la vida y a respetar el futuro material y espiritual de la humanidad... La educación es también un medio a la vez que un objeto de cambio... La educación es una variable decisiva en toda ecuación de cambio y desarrollo... Las naciones marchan hacia su grandeza al mismo paso con que camina la educación... No somos más que lo que la educación hace de nosotros, etc. Le hemos amputado el "alma" a nuestro proyecto de nación. Hemos olvidado las palabras del escritor mexicano Carlos Fuentes a través de las cuales afirmaba que la civilización es el cuerpo y la cultura es el alma. El cuerpo: territorios, riquezas, recursos naturales y pobladores; el alma: lenguas, religiones, ciencia, valores políticos y sociales, educación estética, tradiciones e historia.
Nuestro sistema educativo ha sido devorado por un capitalismo salvaje con sus hambrientos devoradores: el neoliberalismo globalizante, el cálculo mercantil y la esquizofrénica obsesión por el dinero. Muchos consideran ridículo el argumento que pretende demostrar que el lugar más seguro y rentable para una inversión es dentro de uno mismo, lejos de cualquier intento de enajenación, vasallaje o expropiación. La ética y la estética yacen como letra muerta en el soberbio panteón de los planes decenales. Estamos convencidos de que un conjuro escrito en el hierático vademécum de los indicadores de logros, bastará para que, por generación espontánea, surjan filósofos, poetas, pintores, músicos y escultores.
La pasión, la sensibilidad y la capacidad de asombro fueron proscritas de los códigos racionalistas y de las frías aulas de la odiosa escuela. Sólo así podríamos explicar el por qué de nuestra decadencia espiritual, la crisis de la creatividad, el deterioro del discurso pedagógico y el desprecio por la vida. La educación debe concebirse como un proceso de cambio ideológico permanente, de transformación de los ciudadanos (as) en su formación, abarcando las dimensiones (intra) personales. La educación integral es formación intelectual, estética, moral, formación para el trabajo y el ocio, adquisición de conocimientos, destrezas, hábitos, actitudes y valores, en un contexto de desarrollo humano, es decir, con todas las condiciones necesarias para lograr la realización de sus potencialidades y hacerse más libres y más capaces de vivir con conciencia y a plenitud.
Los asuntos que nos ocuparán en el futuro tendrán que ver con el desarrollo de la sociedad del conocimiento, las políticas de ciencia y tecnología, el desarrollo de una pedagogía de la emocionalidad unida a una filosofía de la creatividad... La tecnología y la investigación no son sólo equipos y tubos de ensayo, decía José Miguel Aznar en una de sus alocuciones: "Son la clave para el mejoramiento de la calidad de vida, de la sanidad, del medioambiente, de la educación y de la administración pública en su trato con los ciudadanos".
El MEN en su propuesta de competitividad ciudadana expresa: "Es necesario redefinir el concepto de ciudadano que no es sólo quien puede elegir y ser elegido, sino el sujeto activo en la definición y búsqueda de los destinos colectivos. Este protagonismo supone interés por la suerte común, participación en las deliberaciones colectivas, capacidad de propuesta, iniciativas de acción individual y colectiva, autonomía y responsabilidad en toma de partido en los asuntos cruciales de la ciudad y la región". "Tenemos que activar las iniciativas ciudadanas, la vida municipal, las soluciones locales a problemas locales, todo ello dentro de un marco formal de división de poderes, elecciones transparentes y fiscalización de las autoridades. Eduquemos a los latinoamericanos para ejercer el poder. No el poder sobre los demás, sino el poder con los demás", afirmaba Carlos Fuentes en el prólogo al libro del PNUD, "Educación la agenda del siglo XXI". La ignorancia es la principal causa de nuestros males nacionales. Por falta de educación los colombianos no tienen conciencia de su realidad sociocultural y al no tenerla, se equivocan en su papel de ciudadanos libres y responsables.
La Constitución Política de Colombia expresa en su artículo 41: "En todas las instituciones de educación oficiales o privadas, serán obligatorios el estudio de la Constitución y la Instrucción Cívica. Así mismo se fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana. El Estado divulgará la Constitución". La enseñanza cívica no puede tener valor ni sentido más que por el aprendizaje moral. "Una constitución que asegura a todos los ciudadanos la libertad política y que realiza o prepara para la igualdad social, tiene como alma el respeto a la persona humana, a la dignidad humana", afirmaba Jean Jaurés ("La instrucción moral en la escuela"). La formación de los ciudadanos no sólo es una tarea social. La falta de educación es la principal responsable de que nuestra sociedad no tenga una cultura ciudadana y de la mayoría de problemas sociales que nos aquejan. Cuando exista en nosotros la verdadera ciudadanía, existirá también la verdadera democracia. La educación colombiana debe estar orientada al fortalecimiento y consolidación de las competencias laborales y productivas a la par con las competencias ciudadanas que le darán un sentido de identidad, pertenencia y pertinencia a nuestro modelo educativo.
La educación tiene como función integrar pluridimensionalmente en una cultura tradiciones, creencias, actitudes, estilos y formas de vida con el fin de forjar un proyecto ético resocializador, crítico, propositivo y tolerante. Ya lo decía Octavio paz: "La mirada al tiempo es muy visual y subjetiva pero al mismo tiempo es muy colectiva en la medida en que uno puede ser muchos y hablar por otros". Para esto se requiere de un verdadero "valor civil". Un acto de valor, decía alguien es algo que uno hace, no porque sienta miedo, sino por la certeza de estar haciendo lo que es debido. La educación es un acto de valor diario para poder construir un nuevo país, una cultura para la democracia y una pedagogía para la paz, es un imperativo categórico, compromiso inaplazable que debe pasar del mundo supraceleste de las reflexiones eternas al escenario telúrico de la acción y de la praxis realizadoras.
Concebir los derechos humanos como una posibilidad ética, como una forma de asumir la vida, como una manera de ser, implica trascender el nivel jurídico o el marco legal formal y adentrarse en la cultura de los pueblos y en las aspiraciones del ser humano; igualmente, es una nueva forma de convivencia que los derechos humanos nos colocan como horizonte. Esto exige detener la mirada en la calidad de las relaciones, los actores sociales, los proyectos de vida, los espacios y agentes de socialización, entre los cuales, con especial responsabilidad, se encuentra la educación. ¿Cómo entender que hay seres "bien educados" cuyo entrenamiento técnico, "eficiente" y competitivo los vuelve insensibles, indolentes e incapaces de comprender los problemas de los demás, las necesidades y la condición humanas?
Conjugar la experticia propia de la tradición con los elementos que aporta la modernidad (o "postmodernidad") permite el surgimiento de categorías y competencias interpretativas, argumentativas, visualizadoras, propositivas y comunicacionales que dinamizan y legitiman la parte significante y discursiva de la ciencia, la educación y la cultura. El conocimiento se ha convertido en el factor de crecimiento y de progreso más importante y la educación por ende, en el proceso más crítico para asegurar el desarrollo dinámico de la sociedad y responder así, de una manera activa y decidida a los desafíos de los nuevos tiempos. Por esta razón, como lo enfatiza Conciencias, "Se debe hacer de la educación un propósito nacional, y de la ciencia y la tecnología sus compañeros inseparables".
Se debe (auto) preparar al maestro para que su mundo académico y cognitivo no se convierta en un simple recetario de fórmulas apodícticas, lejos del mundo abigarrado y contingente de las experiencias de aprendizaje y que su microcosmos pedagógico lleno de magia perceptiva y racionalidad emocional lo convierta en un defensor de la vida, un escultor del carácter y en un solícito discípulo que contribuye a auscultar la sabiduría de sus estudiantes. Ya lo decía Estanislao Zuleta: "Mientras el estudiante y el profesor estén convencidos de que hay uno que sabe y uno que no sabe, y que el que sabe va a informar e ilustrar al que no sabe, sin que el otro, el estudiante, tenga un espacio para su propio juego, sus propios pensamientos y sus propias inquietudes, la educación es un asunto perdido". Fernando Savater ("El valor de educar") nos dejaba bien claro esta argumentación libertaria: "Un buen maestro es aquél que enseña a sus alumnos a prescindir de él"...
La educación debe dejar de ser abstracta, impersonal, fragmentaria, una carga fatigante, estresante y fastidiosa para dos seres a quienes la vida los contactó, pero el sistema educativo los separó colocando un abismo insondable entre ellos y donde ambos, desde sus extremos, se contemplan y se reconocen como dos seres "distintos" a quienes el abecedario de las mentiras y la vacua fatuidad del mundo escolar los analfabetizó; seres a quienes el mundo del cálculo mercantil los encerró en la prisión del cretinismo exactitudinal con sus 4 operaciones básicas y sumiéndolos en el amodorrado ambiente "Baldorizado" e insustancial de las cómodas y eternas respuestas, lejos del inquietante y suspicaz cuestionario con el que a diario nos interpela la vida .
Dos frases nos darán un cierre parcial a esta controversia que apenas se inicia: Rafael Uribe Uribe, a comienzos del siglo XX, al hablar de "Los problemas nacionales", nos recordaba que "La ignorancia es una cárcel oscura (...) Hablar de soberanía popular en un país de ignorantes es pura música celestial. La ignorancia opone un obstáculo invencible al desarrollo de las virtudes cívicas. ¿Qué fe puede depositarse en una opinión pública desorientada y corroída de todos los vicios y defectos inherentes a la más absoluta ausencia de educación cívica que pueda imaginarse?". Nicanor Restrepo S. ("El derecho a la esperanza") lo reafirmaba: "Es evidente que el mejoramiento de las condiciones de vida de los colombianos, el progreso de la educación y la cultura, la apertura de trabajos calificados y el escalamiento del bienestar general, están íntimamente ligados al crecimiento económico y soportan hacia el futuro las bases de una sociedad regida por la justicia social y ajena a las aventuras guerreras que la han desangrado hasta ahora".