El plan de la sociedad

jueves, 27 de septiembre de 2007

24/08/2007 El Tiempo. Editorial

El Plan Decenal de Educación que acaba de darse a conocer, en versión inicial, es distinto al de 1995. Mientras este era un documento técnico, en el que educadores y expertos definían metas, el nuevo se tomó en serio el mandato legal de que debía ser participativo. Durante un año, miles de maestros, padres de familia, intelectuales, religiosos, hombres y mujeres de todos los niveles sociales discutieron documentos, oyeron a expertos, fueron a asambleas y mesas de trabajo, para tratar de definir el camino que debe tomar la educación colombiana.

El resultado es consistente con la decisión: no es fácil determinar a qué acciones concretas se dará prioridad, cómo va a crecer la cobertura educativa, a qué clase de tecnología se dará énfasis. Ni hay un plan operativo, un programa concreto de acción, con metas cuantitativas y cálculos de costos, medios y recursos.
Aunque, sin duda, deben derivarse en un proceso posterior.

Lo que hay, en cambio, es una rica y colorida expresión de los deseos y opiniones de personas y grupos de diferente origen y orientación, presentados en centenares de objetivos y acciones. Se advierte un gran esfuerzo por encontrar un consenso entre distintas visiones. El resultado es sorprendente y alentador, a pesar de la pesada jerga que se atraviesa de vez en cuando en los textos: el plan presenta lo que los colombianos creen acerca de la educación, los criterios y valores que deben orientarla, el papel que deben tener en ella maestros, padres de familia y medios de comunicación.

Todos quieren una educación que reconozca y responda a la diversidad cultural del país, que forme en valores democráticos y de convivencia ciudadana. Casi todos identifican la calidad con el uso de los computadores, con más ciencia y tecnología, con el mejoramiento de la formación de los educadores y con un trato más favorable para estos, con el apoyo a la educación pública, con la regulación de la educación privada. La fascinación con las tecnologías de la información hace olvidar el papel central de la lectura en el aprendizaje: entre los cientos de propuestas, solo un puñado menciona los textos o las bibliotecas. Como prioridad de la década próxima, se señala llevar a la escuela a todos los niños antes de los 6 años y hacer que sigan en ella hasta el undécimo grado.

Durante 200 años, los dirigentes colombianos han repetido que la educación es el mejor camino para sacar al país de la pobreza y del atraso. Pero esta fórmula convencional se olvida con frecuencia, y los gobiernos, formados por gentes que mandan a sus hijos a instituciones privadas, prefieren creer que traerá más bienestar el desarrollo de infraestructura que el gasto en maestros y escuelas públicas. Que no se haya podido ofrecer a la nación pobre y numerosa que debe ir a la escuela pública una educación igual a la privada es aún la mayor causa de desigualdad social en Colombia.

Hoy estamos cerca de lograr lo prometido desde la Independencia: que ningún colombiano deje de ir, durante 8 o 10 años, a esos lugares en los que aprende los rudimentos de las ciencias y las reglas de la convivencia social, por fuera del mundo egoísta y protegido de la familia. Tomar en serio lo que los colombianos quieren es lo que hay que hacer, para que el país no siga perdiendo el inmenso potencial humano que se bota a la basura cuando miles de niños dejan la escuela y se lanzan prematuramente a la lucha por la vida.

Ejemplo de la importancia que una sociedad da a la educación es Bárbara Morgan, la maestra astronauta de la Nasa, verdadera heroína pública en E.U., que desde el espacio les dio clases a sus pupilos. De ahí que el Plan Decenal deba asumirse como un documento de orientación, trabajo y discusión permanente, una política de la sociedad más que del Gobierno o el Estado. Si se toma así, se desarrolla en programas concretos y realistas y se mantiene el debate en la próxima década, revisando día a día objetivos y prioridades, para que cada vez más colombianos expresen lo que quieren de la educación, pública y privada, habrá logrado más de lo que normalmente hacen estos documentos, pues lo que necesita Colombia es mantener la educación como una de sus preocupaciones esenciales.

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