No es un hombre bueno: es el mejor
miércoles, 26 de septiembre de 2007
22/09/2007 El Pais (Cali) Opinión.
Por: Julio César Londoño
Lleva una vida austera (yo puedo vivir con muy poco, y este poco lo necesito muy poco), le gusta participar en los proyectos de sus amigos y si le preguntan por qué no es rico como ellos, responde: Quién sabe. Dios sabe cómo hace sus cosas. En realidad le faltan 'hígados': es incapaz de 'apretar' a sus obreros y sabe que no se puede amasar una gran fortuna sin volver harina a los demás.
Quiere ser alcalde de Palmira porque su paso por la Secretaría de Planeación lo convenció de que es posible cambiarle la cara a la ciudad. Basta una pizca de imaginación, parar los estudios, diagnósticos, etc. (ya los tenemos todos), abolir los verbos retóricos (propiciar, fomentar, proyectar) y conjugar sólo el verbo hacer. Será el mejor alcalde de la historia porque no hay nadie más sesudo ni más bueno ni más 'hacedor' que él.
Sólo quiere ser alcalde. Por eso no peleó la curul que dejó vacante la muerte del senador Luis Guillermo Vélez y cuyo sucesor legal es él, Fernando Leal, 'Panquemao', como le dice Mario Fernando Prado, o 'El ingeniero ingenioso', como lo llama Diego Martínez Lloreda.
Su campaña es franciscana: le pega afiches a su vieja camioneta, regala en las calles las manillas que tejen su mamá y su tía, hace free press llamando a las emisoras y se financia con los ahorros de la abuela; los míos, su tío; y los de tres amigos fieles.
Los empresarios le dieron espalda para apostarle a los candidatos más opcionados. Ellos son así: siempre le apuestan a los mismos. Y claro, siempre ganan los mismos. Por la misma razón, no lo apoya ningún concejal. ¡Gracias a Dios!
Una debilidad es una fortaleza con traje humilde, decía Confucio y es verdad: como no le debe nada a nadie, podrá escoger su gabinete entre los mejores y decirles a esos sujetos que se roban la bienestarina para alimentar los marranos de sus fincas: Vuelvan dentro de cuatro años, engendroides.
Pero no es soberbio, reconoce que tendrá que gobernar con los concejales y los empresarios. Está dispuesto a lidiar con ellos y a convencerlos de que el mejor 'torcido' es hacer de Palmira el pueblo más derecho del país. Vamos a descrestar a Colombia, me asegura con un brillo nítido en sus ojos.
Fernando Leal la tiene clara. Ya ajustó el Plan Decenal de la Educación a las necesidades de Palmira. De vivienda lo sabe todo porque ha sido alma y nervio de los mejores planes VIS de la ciudad. Quiere convertir la vigilancia de los barrios en un servicio público para generar 5.000 empleos directos y matar dos pájaros de un solo tiro: el desempleo y la inseguridad. Para la salud hay recursos. No es sino taponar las fugas de la 'prevención'.
Pese a la buena administración de Adolfo Castro, un alcalde excelente pero sitiado por la ley 550 y por una casta política mezquina, Palmira sigue siendo una de las ciudades más feas y peligrosas del país. Leal es capaz de liderar el proceso de recuperación de la ciudad porque la ama, la conoce, y el oro no lo encandila.