La educación bolivariana
miércoles, 26 de septiembre de 2007
25/09/2007 El Liberal (Popayán) Editorial
La educación y los métodos empleados para conseguirla deberían ser una preocupación permanente de toda sociedad. Sin embargo, tenemos que admitir con una buena dosis de desencanto que solamente en forma esporádica se realizan acciones que realmente estén orientadas hacia el mejoramiento de tan fundamental aspecto de la vida nacional. Para nuestra fortuna, en la actualidad estamos viviendo uno de esos momentos estelares en que la educación se encuentra en el centro de varios escenarios y en que las luces - ojalá nunca se apagaran - están enfocadas hacia sus principales protagonistas. Son los casos del Plan Decenal de Educación para Colombia y del Sistema Educativo Bolivariano (SEB), propuesto por el gobierno del presidente Chávez como refuerzo indispensable para las reformas constitucionales que se adelantan en Venezuela.
En cuanto a nuestro país, se hizo un estudio multidisciplinario, en el que participaron diversos y autorizados actores durante un período aproximado de dos años, llegando a formular políticas y un plan de acción para los próximos 10 años. Tales planteamientos serán dados a conocer próximamente y servirán como base insustituible para obtener un proceso irreversible de mejoramiento de la educación, mediante el cual el país obtenga algún día - ojalá esté próximo - la superación necesaria en los campos formativos del humanismo y de la ciencia, hasta llegar a ostentar niveles óptimos de desarrollo, de civismo y de justicia social. Sólo resta esperar que tan loables propósitos no se queden en documentos inocuos y que realmente sean puestos en práctica.
El caso venezolano es bastante sui generis ya que las reformas planteadas, con el liderazgo de los Chávez - el ministro de educación es hermano del presidente - buscan ante todo fortalecer el Socialismo del Siglo XXI, modelo político preconizado por el mandatario mediante el adoctrinamiento de todos los ciudadanos desde su infancia. El nuevo modelo es presentado con un ropaje bastante atractivo ya que se pretende que el estudiante aprenda a crear, convivir, participar, valorar y reflexionar; así mismo, que en sus contenidos se le dé un especial énfasis a las ideas luminosas del Libertador y algunos personajes autóctonos -como el cacique Guaicaipuro- recuperen el protagonismo que siempre han debido tener. Esto último coincide con los planteamientos de Orlando Fals Borda para el caso colombiano.
Según nuestro parecer el problema radica en el confesionalismo político que esto implica. A los educandos venezolanos se les estará imponiendo una determinada visión acerca del Estado y de la posición que los ciudadanos deberán adoptar ante él, constriñendo de tal manera a la democracia, cuya vigencia implica que las personas tengan la oportunidad de ser críticas y de optar por las doctrinas y comportamientos que mejor se ajusten a su concepción de vida, sin que esto se convierta en anarquía conceptual o en una despreocupación inaceptable por lo social que nos vincula.