Un plan. Por Hector Rincón
jueves, 30 de agosto de 2007
12/08/2007 Cambio página 040 -- Opinion
Por un azar laboral que agradezco (unas crónicas televisivas que me encomendaron y que me volvieron a empujar hacia la Colombia profunda), por ese azar me adentré en el conocimiento de una experiencia que pone patasarriba la manera arrogante y tradicional con la cual los gobiernos suelen proyectar sus metas y definir sus presupuestos.
Un ejemplo. Hablo de la estructura que se empleó para la elaboración del Plan Decenal de Educación. De Educación. Ese tema que se desdeña en los consejos de redacción de los medios porque les parece aburrido; porque no da acción, porque a los periodistas les parece que no brinda emoción a la tribuna y porque no: porque creen que las fuentes son unos maestros ahí todos complejos o unas maestras ahí todas planas nada curvilíneas, así unos y otras sean a quienes los padres de familia les damos la responsabilidad de volver personas pensantes a las criaturas que les entregamos todos los días por la mañana.
Por esa actitud ante el tema de la educación, en los días clave de la Asamblea Nacional por la Educación que se hizo en Bogotá como punto culminante de un proceso de más de un año de discusiones a fuego lento, por esa actitud los medios se ocuparon más de los 1.000 rostros de alias Chupeta y de la elección de las nuevas reinas que de lo que debatían 1.500 colombianos sobre el hacia dónde va la educación. Una tristeza.
Una tristeza que con estas urgencias de futuro, con la necesaria búsqueda del aprendizaje y del profesionalismo en un planeta cada vez más sabido y cada día mejor educado, una tristeza que en esta Colombia pasada de moda la mayoría de los medios sigan asumiendo el tema de la educación con el concepto premoderno de cubrirla sólo cuando hay pedradas en la Nacional o cuando hay manifestación de Fecode o cuando se intoxican 115 niños con el habitual arroz con pollo amargo en el siempre trágico hogar infantil de cualquier barrio Meissen. O de cualquiera del Distrito de Aguablanca.
Sigo. Decía que la experiencia del Plan de Educación voltea de manera total el procedimiento nacional de la proyección. Todo plan gubernamental ha sido hecho en una oficina, sentados muy cómodos los expertos del sector, discusiones sobre los temas ya mascados en otros planes, en otras oficinas. Si acaso una consulta al sector involucrado, si acaso una miradita a cómo lo habían hecho en otras partes. Y ya: habemus plan. Plan de desarrollo del sector energético, plan de desarrollo del sector salud, plan de desarrollo del sector agrícola.
Pues resulta que desde hace un año -¿tendré que decir que con el telón del silencio de la mayoría de los medios?- en Colombia se discute el destino de la educación: primero en reuniones de expertos donde se definieron 10 ejes de temas de 1.000 que se presentaron. Esos 10 temas los pusieron a discusión de cerca de 1.000 instituciones y de los ciudadanos todos a través de mesas de trabajo, de foros virtuales y de líneas telefónicas gratuitas y de correos electrónicos, a todo lo cual llegaron cerca de 20.000 ideas.
Y así. Con ese arsenal de propuestas se llegó a la Asamblea Nacional por la Educación a donde concurrieron 1.500 colombianos de 250 municipios de los 32 departamentos. Asambleístas que fueron elegidos en sus núcleos y que durante cuatro días discutieron y disintieron y se pusieron de acuerdo hasta acordar las líneas gruesas -y también los trazados sutiles- de lo que debe ser la educación en los próximos 10 años.
Qué tristeza que ese Plan Decenal no vaya a ser de obligatorio cumplimiento, sino que sólo sea un indicativo del hacia qué meta se debe avanzar. Una tristeza legal que muchos creen que se debe superar hasta con un referendo si es preciso. Una tristeza que a semejante esfuerzo de tanto colombiano pensante en un tema profundo y definitivo le hubieran chantado el desconocimiento en los medios o le hubieran aplicado el tradicional desdén gratuito y opositor de opinadores calenturientos y de sindicalistas que ven en cada movida sin ellos una amenaza contra ellos.
Una tristeza pero un precedente. Un precedente de democratizar una discusión