Un ejercicio valioso

viernes, 17 de agosto de 2007

18/08/2007 Portafolio. Editorial.

Resulta incuestionable afirmar que la educación es la clave para el desarrollo de los pueblos, pero que a la vez es el desarrollo de los pueblos lo que impulsa la educación. De hecho, los países que han dado prioridad a este tema como estrategia central para derrotar la pobreza mediante el crecimiento, han tenido buenos resultados. Pero dicho propósito no puede ser solo de los gobiernos, es de toda la sociedad, porque en ningún sector como en este la corresponsabilidad es total. No es sino mirar a las naciones asiáticas que han logrado espectaculares resultados basados fundamentalmente en su inversión en este campo: la valoración social de la educación, así como el compromiso y la exigencia desde las familias, han jugado un papel fundamental en lo conseguido.

De allí el valor del proceso de construcción colectiva del Plan Decenal, puesto en marcha por el Ministerio de Educación en cumplimiento de un mandato legal, cuyo resultado fue conocido hace unos días. La participación de más de 20.000 personas en la discusión voluntaria para formular la iniciativa demuestra que el país ya cuenta con una masa crítica interesada en el tema, que es consciente de que los procesos educativos son de largo plazo y que es necesario garantizar políticas de amplio aliento para obtener resultados satisfactorios.

En consecuencia, hay que destacar elementos como la insistencia en que la educación debe responder a las necesidades del sector productivo. Así mismo, el énfasis sobre la importancia que tienen las nuevas tecnologías para el desarrollo pedagógico y de la ciencia. No menos importante es la afirmación sobre la educación inicial, de 0 a 5 años, no como la simple extensión del sistema educativo tradicional, sino como una manera de llegar con propuestas novedosas a los niños de los sectores más vulnerables.

Aunque tal vez resulta más sencillo criticar el resultado por uno que otro lugar común y por ser más general que específico, eso no disminuye lo valioso de lo conseguido. La participación misma en la discusión de los retos de la educación en esta década es, en sí misma, un proceso pedagógico. El ejercicio de discutir con altura, de buscar consensos, de respetar las diferencias, es algo que solo se aprende con la práctica.

Dicho lo anterior, es indudable que un plan de esta naturaleza no puede ser más que indicativo. Son los especialistas a cargo de las políticas quienes pueden decir cómo se pueden llevar a la práctica los planteamientos contenidos que surgen de la participación. Por eso no resulta lógico pensar que en esta discusión se decidieran los presupuestos, sin el análisis de las prioridades de otros sectores y las disponibilidades concretas de recursos. Esa labor le corresponde a las instancias, ya sea legislativa o ejecutiva, que son las encargadas de la asignación de recursos, tanto globales como específicos.

Pero no es menos cierto que los gobernantes deben considerar en primer término lo que es importante para sus electores, a la hora de hacer propuestas. En consecuencia, es responsabilidad de los colombianos exigir que quienes tienen a su cargo el tema se pronuncien sobre los planteamientos del Plan Decenal y que hagan seguimiento del desarrollo de las políticas y planes de las instancias nacionales y locales en lo que tiene que ver con la educación.

Debido a lo anterior, resulta particularmente oportuno que el país cuente con esta hoja de ruta. Además es apropiado que ésta se conozca cuando, las campañas para las alcaldías y gobernaciones ya han comenzando, con miras a las elecciones de octubre. Al mirar el complejo devenir nacional es usual que se diga que lo urgente no deja tiempo para lo importante. Pero esa preocupación por la coyuntura no debe ser motivo para evitar que la educación esté de manera permanente en la mente de todos, tal como lo demostraron los miles de personas que con su ejemplo educaron al país sobre un tema fundamental.