El plan. Por Juan Carlos Bayona Vargas
viernes, 17 de agosto de 2007
17/08/2007 Portafolio. Opinión.
El MEN ha convocado abiertamente a todo el que quisiera opinar sobre el Plan Decenal de Educación. Cualquiera podía hacerlo, a través de los foros virtuales, las mesas de trabajo o una simple llamada telefónica. Esa manera tan abierta de participar, aunque es inane en muchos de los casos, es valiosa y valiente. Valiosa porque escucha al respetable y así se mide un poco el pulso de la gente, y valiente porque descentraliza el monólogo oficial. Participé personal e institucionalmente, y volví a confirmar lo que ya muchos sabemos pero muy pocos nos atrevemos a hacer: a la educación hay que ponerla en contacto con la realidad y los intereses de los educandos, con el mundo del trabajo y el mundo de los sueños. Pero por igual. Sin pragmatismos hegemónicos. Y sin utopías irrealizables. Pero no solo eso: hay que insistir en enseñar filosóficamente los saberes, que no es nada distinto que enseñar y permitir que la gente se haga preguntas sobre lo que aprende para que lo que aprende no sea solo lo aprendido, y se atreva, en consecuencia, a pensar por sí mismo y a no tragar entero. A la manera de Don Antonio Machado, cuando decía aquello de "yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas". Algo así como saber que la película tiene veinticuatro fotogramas por segundo para ser película pero lo que importa es la película, es decir, el proceso.
Primer problema: ¿y los contenidos, vale decir, y la información particular de cada uno de los saberes qué hacemos con ella? No los abandone querido maestro, pero tenga muy en cuenta que, es a propósito de ellos y no gracias a ellos que es usted un maestro. O una maestra. Lo que usted sabe no lo convierte ni necesaria ni suficientemente en un maestro. Tan solo hace parte del ser del maestro. Lo que usted sabe es, en esencia, la ocasión para que lentamente haga su entrada a la escena de la enseñanza, el aprendizaje.
¿El aprendizaje de qué? Bueno la respuesta es compleja, tal vez por la misma sencillez de la pregunta. Pero diría algo más o menos así: el aprendizaje de cómo hago para aprender, y el aprendizaje de cómo le doy sentido a lo que aprendo. Cómo lo vuelvo mío, y cómo al hacerlo mío, me educo. Porque en el fondo de todo esto lo que importa cuando educamos a alguien, es permitir que se eduque por sí mismo, y darle, claro está, los elementos, el ambiente y las posibilidades para que lo haga.
El otro gran aprendizaje, ya un poco manoseado y no exento de una carga retórica un tanto fastidiosa, es aprender a ser ciudadanos, el aprendizaje de la democracia. En tres sentidos: en primer lugar para desagregar el ego, al entender y valorar que en el mundo hay otros; en segundo, para ser consciente que no siempre el mundo ni las naciones fueron democráticas. Todo lo contrario: la democracia se conquista, y siempre estará acechándola, su anverso histórico; la tiranía, el autoritarismo. Y en tercer lugar, que lo colectivo cabe dentro de lo privado y al revés, al modo de esas muñecas rusas que se contienen unas a otras. Yo soy yo. Pero también los otros. Cosas de la filosofía.