Dos agendas para un solo Plan

lunes, 23 de julio de 2007

19/07/2007 Hoy Diario del Magdalena. Editorial. Página 4a.

Para el 20 de julio próximo se ha previsto la promulgación del documento contentivo del nuevo Plan Decenal de Educación, elaborado con base en la propuesta inicial de una comisión de diez expertos y mediante la participación de miles de colombianos de las diversas regiones.

En términos democráticos, la legitimidad de un proyecto está determinada por su sintonía con la voluntad general. Al Plan se le ha querido infundir ese apoyo ciudadano. Los diez puntos de la agenda original han sido complementados y adicionados por maestros, padres de familia, estudiantes y personas interesadas en el rumbo de la educación hasta el año 2015.

En la agenda de los llamados diez sabios, que en realidad forman un calificado grupo de expertos en asuntos educativos, aparecen diez temas centrales: Ciencia y tecnología integradas a la educación; Renovación pedagógica y uso de las TIC en la educación; Profesionalización y dignificación de los docentes; Mejor inversión en el sector; Educación para la paz y la convivencia; Equidad y calidad; La educación extramural; El desarrollo infantil; La rendición de cuentas y los fines educativos en el Siglo Veintiuno. A tales temas, generales y en cierta forma abstractos, la gente les ha conectado una suerte de polo a tierra en la llamada agenda pública. Así, por ejemplo, se ha recomendado incorporar una cuestión esencial, la participación de la familia, que no figura de modo explícito en la propuesta institucional.

También, es obvio que una nueva política educativa deba precisar la reforma de contenidos curriculares en los distintos niveles del proceso. Surgieron abundantes iniciativas que se consignaron en la agenda ciudadana o pública y no estaban en la inicial. La revisión del famoso Decreto 230 de 2002, que trata de la calidad, la evaluación y la promoción de los estudiantes, ha sido una preocupación común y reiterada en los sondeos y las mesas de trabajo.

La verdadera transformación del país, para que se ponga al ritmo de la civilización y la cultura, debe comenzar por la educación, que hace posible la formación de un nuevo tipo humano colombiano, por no decir que un nuevo perfil del ciudadano. Así de tenaz, ambiciosa y difícil es la tarea que está por emprenderse.

Diez años, lo que dura un Plan como el que está configurándose, son escasos y limitados para un proyecto de futuro, cuyos resultados apenas comenzarán a verificarse con el paso de varias generaciones.

Al Gobierno le toca asegurar que el Plan consulte la voluntad general para que no se malogre el enorme trabajo comunitario de estos meses y blindarlo con todos los recursos y garantías necesarios para que el Estado y la sociedad encuentren por fin el Norte de la instrucción y la formación de los ciudadanos.

La gran responsabilidad de los redactores del documento final consiste, entonces, en interpretar y concretar la catarata de recomendaciones planteadas en estos meses de discusión y conciliar el bosquejo original con las propuestas de la gente. ¿Se logrará esta finalidad? La expectativa está abierta. Hay que respetar la agenda ciudadana. Desde la sociedad es preciso que se sostenga una tarea de seguimiento y vigilancia crítica, para que no se malogren los propósitos de darle a la educación un profundo acento democrático.

Plan Decenal, asamblea nacional