El Plan Decenal de Educación. Por: Miguel Ángel Lemus

miércoles, 27 de junio de 2007

25/06/2007 La Nación. Opinión

Colombia ha iniciado la discusión y redacción del nuevo Plan Decenal de Educación, la brújula que orientará las políticas de educación en los próximos 10 años. Un escenario apropiado para imprimirle una nueva dinámica al sector, afectado por la calidad de su producto y por la incertidumbre económica que se le avecina, a propósito de la aprobación de la nueva ley de transferencias territoriales.

La preparación de este nuevo marco orientador de políticas para la educación ha estado saturada de una amplia participación de estamentos liderados por el Ministerio de la rama, con ribetes populistas, dada las características de la amplia consulta que se viene adelantando a lo largo y ancho del país.

El Plan, es, por sus características, debe ser un instrumento indicativo, que seguramente permitirá darle al sector un nuevo direccionamiento, construido con diagnósticos creíbles para focalizar de una manera inteligente el delgado presupuesto que le fija las limitaciones del gasto público.

Pronto tendrá el país esta nueva herramienta de desarrollo social, que se comenzó a construir en medio del sainete de vítores y abucheos del magisterio, aunque también, debe decirse, de la pobre calidad que acusa la educación pública en muchas regiones del país.

Y en medio de todo este barullo, se adelanta una campaña política para elegir gobernadores y alcaldes, con candidatos que seguramente no tienen claridad sobre lo que serán las nuevas políticas públicas para el sector, por lo que, seguramente, poco tienen que prometer a sus electores, a no ser la consabida oferta de arena y cemento para fortalecer la infraestructura educativa.

En 1996, cuando Colombia se debatía en una profunda crisis política, se presentó al país el Plan Decenal de Educación 1996-2005, el cual contó con una importante participación ciudadana. Sin embargo, luego de diez años de aplicación son más las dudas que surgen en relación con sus resultados, aunque bueno es reconocer que, al bajársele la responsabilidad única de su preparación al gobierno, la educación se ha sacado de las bitácoras públicas para trascender a la discusión ciudadana. Sin embargo aún quedan rezagos, pues mientras en unas regiones es evidente la preocupación de la sociedad, en otras es, apenas, motivo de desvelos de algunos sectores minoritarios.