De vuelta a Carreño
jueves, 21 de junio de 2007
19/06/2007 Revista Cambio. Tendencias
De vuelta a Carreño
¿Qué tal volver a cederle el puesto a las mujeres en el bus, tratar a los mayores de usted, levantarse para saludar y conservar las maneras de acuerdo con las jerarquías sociales? ¿Qué tal si volvemos a seguir los preceptos del Manual de Urbanidad de Carreño? Viéndolo bien, no estaría nada mal.
Durante las discusiones fomentadas por el Ministerio de Educación para dirimir los lineamientos del Plan Decenal 2006-2015, salió a flote un ingrediente interesante: padres y maestros quieren recuperar, a toda costa, la Educación Cívica en los colegios como materia fundamental, al lado de la Física, la Trigonometría y el Cálculo. ¿La razón? Sienten que perdieron el control de sus hijos y de sus alumnos. Esta confesión desesperada fue recogida por el grupo de investigación de Periodismo Público de la Universidad Pontificia Bolivariana, dirigido por Ana María Miralles, que se encargó de tomar nota de las inquietudes entre un grupo de 4.487 participantes, quienes respondieron a la pregunta de qué debe ser lo más importante en la educación de los jóvenes de hoy.
"Se han perdido muchos valores. Es importante que los jóvenes escuchen lo que decimos porque nunca nos han escuchado", contestó, por ejemplo, Carmen Martínez, secretaria de profesión. Inquietudes como la de Carmen no son aisladas. De hecho, del total de 4.487 entrevistas, cerca del 35% expresó su preocupación por temas relacionados con la pérdida de valores y la necesidad de reconquistar el respeto, la disciplina y la solidaridad, entre otros tópicos. "La manera en que se enseñan los valores está errada, debemos enseñar la Urbanidad de Carreño", cita una señora que participó en el estudio. Lo curioso es que no lo dicen personas formadas al amparo del añejo Manual, sino padres menores de 45 años, angustiados por la incapacidad de vigilar en sus hijos el "libre desarrollo de la personalidad", enmarcado en la Constitución del 91, y que les permite a los jóvenes defenderse de los controles de padres y maestros a punta de tutelas.
No sólo modales
El pretendido retorno a la Urbanidad de Carreño no deja de ser un fenómeno curioso en medio de una sociedad que se supone cada día más franca y libertaria. Al fin y al cabo el Manual, asociado con el obligado refinamiento que debe guardar la gente a la hora de comer, de vestir o de conversar, es visto como el paradigma de la impostura y, por ende, como el triunfo de la superficialidad sobre el fondo, de las buenas maneras sobre el verdadero carácter. Pero analizado de manera general, lo que buscan padres y maestros no es enseñarles a los jóvenes a sentarse sin cruzar la pierna, sino a respetar su casa, su familia y la sociedad en la que viven.
Según Miralles, la gente está inquieta por el tema de la ética y por una formación que haga participar al joven en un proyecto colectivo. "Sienten que no hay proyecto de país, que cada cual está jugando al sálvese quien pueda y a llevarse al otro por delante -explica-. Están preocupados porque hay un individualismo a ultranza, exceso de consumismo y una cultura del dinero fácil, alimentada por unos medios de comunicación que son el escenario de los antivalores".
En este sentido, un manual como el del diplomático venezolano (ver recuadro), que enseñe, así suene obvio, la manera de comportarse dentro de un hogar, con las obligaciones pertinentes de cada miembro, así como las actitudes propias de un individuo en la sociedad, de acuerdo con su educación, no harían sino exaltar valores tan fundamentales como el respeto y la solidaridad.
Sin embargo, una cosa es lo que piensan los padres y otra lo que piensan los colegios. Susana Gamba, profesora hace 37 años del colegio Juan Ramón Jiménez, fundado por su madre Marta Bonilla reconocido por su alto nivel académico y por su educación liberal, reconoce que lo que dicen los padres revela un síntoma común. No obstante, también advierte sobre la comodidad de volcar todas las obligaciones hacia el salón de clases. "Los padres le han delegado una enorme cantidad de responsabilidades a los colegios -explica Gamba- adicionales a la educación; ahora debemos educar niños cívicos y morales. Lo estamos haciendo, pero aquí el problema de fondo no es qué dar sino cómo y esa es una tarea que no sólo le compete a la escuela, sino a los padres. De nada vale enseñar la austeridad, por ejemplo, cuando el niño ve que su mamá cambia de electrodomésticos cada mes".
A su parecer, los padres de hoy no están ejerciendo la función de ser adultos, "una función tutelar, responsable, contenedora y amorosa", y en lugar de ello, le juegan a los caprichos de los niños, plegándose a todo cuanto la sociedad de consumo les ofrece: "así no puede educarse a nadie, los niños se han vuelto tiranos con los padres".
Finalmente, Abel Rodríguez, secretario de Educación del Distrito, coincide por su parte en afirmar que existe una gran preocupación porque los jóvenes han perdido los valores, pero interpreta esa voz de alarma por otro lado. "El espacio que han ganado los muchachos es de libertad e irreverencia por todo lo existente -explica- pero frente a esa realidad, los mayores no podemos obligarlos a volver hacia atrás en una interpretación de los valores que ellos consideran obsoleta. Nuestro deber es encausar pedagógicamente esta autonomía, porque ésta es la expresión natural de la Constitución de 1991".
Pero justamente, porque los padres no saben encausar pedagógicamente esta autonomía, es que añoran los tiempos en que los jóvenes, por lo menos, hacían caso sin preguntar por qué.
Quién era Carreño
Manuel Antonio Carreño nació en Caracas en 1812. Educado en España, dedicó su vida a la política y a la diplomacia pero, curiosamente, pasaría a la historia por la redacción de un manual especializado en el comportamiento y las buenas costumbres. Su nombre es tan extenso como el número de sus ediciones: Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre. Pronto se convirtió en la guía de urbanidad más famosa entre los países bolivarianos. Conocido por sus rígidas normas de protocolo, también habla sobre los deberes morales y contiene una vasta serie de consejos para poder vivir en armonía en un mundo congestionado de gente. Manuel fue padre de Teresa Carreño, famosa pianista venezolana.