El debate sobre repitencia. Por: Bernardo Recamán Santos
martes, 12 de junio de 2007
30/05/2007 El Tiempo
El debate sobre repitencia. Por: Bernardo Recamán Santos
El Plan Decenal de Educación y el espíritu del decreto 230.
La muy saludable y amplia participación ciudadana en las discusiones del Plan Nacional de Educación ha mostrado una especial preocupación por reformar el Decreto 230 del 2002. Como uno de los funcionarios que participaron en su formulación durante el ministerio del doctor Francisco José Lloreda, quisiera recordar el espíritu con que dicho decreto fue expedido, en particular en lo que concierne al tema de la repitencia escolar.
El Decreto 230 buscaba erradicar el abuso, muy generalizado entonces, de la libertad de los colegios y de algunos de sus docentes para deshacerse de estudiantes 'problemáticos' con la simple excusa de que habían reprobado cierto número de materias.
Algunos colegios contaban de este modo con un mecanismo para presentar únicamente estudiantes estrella a los exámenes públicos. Peor aún, al ser una decisión que podía depender de la nota de una materia y, por tanto, de un solo profesor, se prestaba para muchos abusos, que incluían el intercambio de las décimas faltantes por favores sexuales.
Al establecerse que la decisión sobre la promoción de los estudiantes la tomaba la institución como tal y no un individuo dentro de ella, en buena parte se ha logrado erradicar esta aberrante práctica.
El Decreto 230 buscaba también frenar las alarmantes tasas de repitencia y deserción escolar existentes, y que hoy son apreciablemente menores. Numerosos estudios han demostrado que una causa importante del abandono de la escuela por parte de los estudiantes es justamente la repitencia.
Sabemos también que el repetir un año, en muy pocos casos resuelve los problemas de aprendizaje de los estudiantes y que, por lo tanto, los colegios deben buscar formas creativas para ayudar a aquellos con dificultades.
Las airadas pero constructivas discusiones que siguieron a la expedición del decreto, sin duda resultaron en que muchos colegios encontraron formas diferentes de la amenaza y la represión para mantener y elevar sus estándares de exigencia y para motivar a los estudiantes a superar sus problemas.
Es indudable también que muchas instituciones han asumido una mayor responsabilidad sobre todos y cada uno de sus estudiantes y que han entendido que el fracaso de cualquiera de ellos es en parte su propio fracaso.
También es cierto que los colegios de todo el país sienten cada vez más la necesidad de rendir cuentas de sus logros, y que los padres de familia y la comunidad en general lo están exigiendo.
Siendo así las cosas, están dadas las condiciones para suprimir el porcentaje establecido para la tasa máxima de repitencia en cada institución.
Sin embargo, debe establecerse la obligatoriedad de que todas las instituciones hagan públicas y visibles al finalizar cada año sus tasas de repitencia y deserción, en el entendimiento de que, si estas son excesivas, es necesario indagar sobre su causa y buscar correctivos dentro de los planes de mejoramiento con los que toda institución debe contar.
No se trata de regresar a los tiempos en que los docentes amenazaban a los estudiantes con la pérdida del año con cualquier pretexto, sino de otorgar a las instituciones mayor autonomía para establecer sus propios criterios de promoción.
Unos criterios que deben ser transparentes y flexibles, en los que la repetición de un año de estudios sea una medida solo cuando se hayan agotado todas las demás y realmente convenga al estudiante.