Cobertura en la Educación Superior por: Alfonso Monsalve Solórzano

domingo, 06 de mayo de 2007

06/05/2007 El Mundo

Con motivo del Plan Nacional de Desarrollo y del Plan Decenal de Educación, se ha retomado la discusión sobre la cobertura y la distribución de recursos, ligada a ésta, en las universidades públicas.
Lo primero que hay que resaltar es el enorme esfuerzo que ha hecho el gobierno para mejorar la cobertura en la educación superior, en su intento por garantizar el acceso a la misma de un mayor número de jóvenes colombianos. Ya las estadísticas revelan que nos estamos acercando a los promedios de los países latinoamericanos de mejor desempeño.

También es importante la estrategia de aumentar paulatinamente el número de cupos en formación técnica y tecnológica con el objetivo de invertir en el mediano plazo la pirámide de la educación superior en Colombia, pues de todos es sabido que el país tiene más profesionales que tecnólogos y técnicos, con la distorsión que esto produce en el mercado laboral y en la producción, así como en el direccionamiento y el mejor aprovechamiento de los recursos que el Estado dedica en este campo. Igualmente, es razonable que las universidades cumplan indicadores para acceder a parte de los recursos públicos.

Pero, con todo, hay, a mi manera de ver, algunas cosas que corregir en la política de la educación superior del país en lo que tiene que ver con la cobertura, y que están ligadas, lastimosamente, a la poca importancia que todavía le dan las autoridades gubernamentales nacionales a la investigación y a la educación de posgrado, especialmente de doctores.

La cobertura no puede ser sólo en el pregrado, especialmente en las universidades que tienen infraestructura investigativa. El país requiere con urgencia aumentar el número de investigadores para impactar la producción a partir de innovaciones de base científica y tecnológica, que es el camino contemporáneo del desarrollo, como ya está demostrado hasta la saciedad en las experiencias de las economías de punta como las de Estados Unidos y Japón, pero también en la de los países emergentes, como China, Corea del Sur, Malasia, Brasil y Chile, para citar sólo unos pocos ejemplos. Y el número de investigadores sólo podrá crecer si se aumenta la formación doctoral (y la de maestría como una etapa de esa formación), que está concebida, precisamente, para forjar investigadores de alto nivel. Y para conseguir este objetivo, hay que aumentar ostensiblemente los dineros que lo hagan posible.

Parte de este esfuerzo tiene que realizarse enviando nuestros jóvenes al exterior, a las mejores universidades del mundo, pero parte debe hacerse en las universidades colombianas que tienen condiciones para hacerlo porque tienen grupos de investigación suficientemente calificados, infraestructura de investigación y un incipiente, aunque de calidad, sistema de posgrados. Por eso es absurdo reducir la cobertura al pregrado y dotar de recursos sólo a éste, además, de manera irracional, sin tener en cuenta los esfuerzos ya realizados por las universidades y sin obligar a la coordinación entre las distintas instituciones, y los diferentes niveles (nacional, departamental y municipal) para racionalizar los recursos y hacerlos más eficientes, de manera que haya una división de trabajo coordinada entre universidades e instituciones técnicas y tecnológicas, para que las primeras no tengan que hacer el trabajo que ya hacen o pueden hacer las segundas, dentro del marco de la educación por ciclos.

La exigencia de cobertura debería extenderse a la formación doctoral y de maestría, de manera que se asignaran recursos adicionales a aquellas universidades que tuviesen crecimientos importantes en ésta y se comprometieran con metas cuantificables. De esa manera, las universidades que pueden realizarla no tendrían que quitarle o no asignarle dineros al posgrado para cumplir con las metas de cobertura del pregrado.

Quizá las autoridades educativas nacionales no estén aún preparadas para este tipo de políticas y estrategias. De hecho, es lamentable que la propuesta hecha por el representante Jaime Restrepo Cuartas, en la discusión del Plan Nacional de Desarrollo, de que se dedicara el 1% del PIB al desarrollo científico, la tecnología y la innovación, al finalizar el actual cuatrienio, no fuera avalada por el gobierno, y por tanto, fuese rechazada, así como el fortalecimiento de Colciencias. La educación superior del más alto nivel, para que impacte a la producción nacional, todavía no es una prioridad para dichas autoridades. Pero aún es tiempo de corregir el rumbo para que lo urgente no impida lo importante.

Cobertura en la Educación Superior por: Alfonso Monsalve Solórzano