El Plan Decenal de Educación
sábado, 12 de mayo de 2007
12/05/2007
En medio del convulsionado momento político del país; del caos que se vive en el alto Gobierno con la proliferación de declaraciones contradictorias -como las del Vicepresidente esta semana, imprudentes e irresponsables-; de la incertidumbre que comienza a asomar en la economía y la inseguridad que muestran las autoridades en su respuesta; de las extrañas coincidencias en los operativos alrededor del senador Gustavo Petro y su familia, justo después de su debate sobre la parapolítica en Antioquia y de que el Presidente dejara entrever que se le hacía inteligencia a la oposición, resulta difícil comentar sobre los temas que corren paralelos a la vibrante coyuntura nacional, algunos con efectos mucho más determinantes y de largo plazo.
Tal es el caso del proceso que se ha seguido en los últimos meses para producir el segundo plan decenal de educación del país. Una idea que, en un principio, no sonaba bien, pues la experiencia del primero resultó un ejercicio gaseoso, lleno de palabras huecas y de lugares comunes. Y lo peor, que tenía la aspiración de convertirse en obligatorio para los gobiernos futuros. Pero este segundo, bajo el liderazgo de la ministra Cecilia María Vélez, es un experimento novedoso, diferente, que vale la pena seguir de cerca. No se trata de un plan en un sentido convencional. Es un enorme ejercicio de consulta y discusión con miles de instituciones y decenas de miles de personas en todo el país. No se aspira a que el resultado sea una camisa de fuerza para los gobiernos. Se aspira, más bien, a que sea un rico catálogo de inquietudes, sugerencias y reflexiones de la comunidad sobre la educación que quiere.
El país nacional fue convocado a expresar sus ideas sobre diez temas esenciales escogidos por expertos en educación. Los mecanismos de participación son tres: mesas de trabajo en la web (cerca de 2.000 hasta ahora), foros sobre temas específicos (también en la red) y respuestas de la gente a preguntas específicas (por vía telefónica, aproximadamente 13.000 llamadas). Y todo debe concluir con una gran asamblea, a la que concurran los coordinadores de las mesas de trabajo de todo el país, para producir el nuevo plan, que será entregado el próximo 20 de julio.
La metodología seguida, la búsqueda permanente de contactos reales para discutir, podría ser más valiosa que los propios resultados, los cuales, debido a la necesaria diversidad de puntos de vista, carecerán de planteamientos únicos e irrevocables. Como era de esperarse, las discusiones muestran, desde ya, que no hay una sola forma de hacer bien las cosas y que lo que puede ser válido en una región, no lo es en otra.
Pero si ahora los colombianos pueden discutir abiertamente sobre la educación por los canales abiertos en este proceso, ya no podrá mantenerse cerrado el acceso de los padres de familia al gobierno y la evaluación de las escuelas públicas. Una de las grandes brechas que debe cerrarse en la educación del país es la que existe entre los colegios privados -donde con frecuencia los padres tienen una injerencia directa en el gobierno escolar y participan en la evaluación de profesores y estudiantes- y las escuelas públicas -donde estas actividades son meros saludos a la bandera.
Al final, sin embargo, lo más importante es que la educación pase a convertirse en una verdadera prioridad nacional. Se ha dicho miles de veces que Colombia no será un país desarrollado, democrático y justo si no transforma su sistema educativo. Pero esta tarea no puede ser responsabilidad exclusiva de funcionarios y profesores. Debe ser seguida con atención y cuidado por la sociedad toda. El proceso hacia el plan decenal de educación, más que sus mismas conclusiones, abre el camino para que así pueda ser.