La crisis del desarrollo
martes, 24 de abril de 2007
24/04/2007 El Mundo
Tradicionalmente se ha aceptado que la cultura representa aquella forma particular que un grupo de humanos, configurados como sociedad, tienen para entender y representar su mundo; la cultura abarca todas las actividades con que el hombre supera las condiciones originariamente dadas en la naturaleza, en la sociedad y en sí mismo.
Por su parte, el concepto de civilización se crea en la Francia Enciclopedista del Siglo XVIII, cuando sus artífices denotaban su confianza en el progreso histórico del hombre, desde el estado de salvajismo, hasta la perfección de la civilización, punto culminante del progreso de la humanidad toda, hacia un estado superior aún no alcanzado, pero más o menos previsible.
En nuestros días y en nuestro país, es común escuchar voces multidireccionales que hablan sobre el desarrollo, sin que hasta el momento nos hayamos podido poner de acuerdo en su sentido, sus formas, su instrumentación y su alcance.
Pasamos del desarrollo económico, al desarrollo humano, al desarrollo social y político, al desarrollo tecnológico, pero sin embargo, al momento de responder a la inquietud de ¿el desarrollo para qué? no atinamos a ser precisos en las respuestas y pasamos fácilmente de hablar de equidad, a hablar de bienestar, a hablar de justicia, a hablar de sostenibilidad, y para colmo de males, nos llenamos de indicadores estadísticamente agregados que nos invitan de manera permanente a compararnos con otras realidades, de otros humanos, en otros lugares, situación que puede de entrada, desvirtuar las propias realidades. Y es que además, hemos ampliado las dimensiones de la discusión y ya no solamente hablamos de lo sectorial, si no, además, de lo territorial y de lo poblacional.
Sin embargo, lo conceptual pudiera pasar a un segundo plano, ante la contundencia de la realidad, pues independientemente de los chispazos de progreso, desarrollo, cultura y civilización que se vislumbran y de los cuales disfruta algún porcentaje menor de la humanidad, cerca de un 20%, aproximadamente el 80% de los otros terrícolas están pasando dificultades por culpa de los modelos o los esquemas vigentes en todos los planos, donde la pobreza, la inequidad, la injusticia y el deterioro ambiental, entre otros varios factores, son aquellos elementos que constituyen nuestra realidad planetaria, lo que ha dado pié para que algunos ilustres pensadores comiencen a hablar, ya no solamente de la crisis por la que está pasando el desarrollo, si no que van más allá y comienzan a plantear es una crisis de la civilización actual, crisis que históricamente se ha presentado, pero que ante las realidades actuales, a las que nos permiten aproximarnos y entenderlas, métodos como el de la complejidad, no podemos menos que asombramos ante lo desafiante de los hechos. Ni que hablar de la crisis por la que pasa la noción de cultura, cuando se le asocia cada vez más, con la noción de entretenimiento.
Ya en lo local, nuestro interminable desorden en todos los planos, pareciera que nos invitara a una fórmula de aquello que los entendidos llaman como ""punto final"", es decir, ante la gravedad de la situación, que desborda sectores, grupos y territorios, involucrando estructuralmente lo económico, lo político, y lo social, pues lo que debemos es reconocer la gravedad de los hechos y aceptar, que de manera estructural, todos los componentes de nuestra sociedad, se han visto involucrados, directa o indirectamente por los asuntos de la narcoparapolítica, lo cual podría alcanzar su momento culmen cuando se comience a reconocer la presencia de una especie de narcoparasociedad, donde ahí sí, el remedio es otro: o se declara el país por cárcel para todos, o volvemos a intentar un acuerdo básico, un acuerdo sobre lo fundamental, para poder reconstituir a nuestro país, extirpando de una vez y por todas, las causas originarias de esta penosa realidad.
Lamentablemente es la ausencia de pensamiento, lo que no nos permite idear objetivos y estrategias nuevas y pertinentes. Hoy se habla de la oportunidad que tenemos de reflexionar sobre los cambios que hay que hacerle a la educación, cuando se ha cumplido el primer Plan Decenal de Educación y lo que vemos es la buena voluntad, que no el conocimiento que se requiere, de diferentes personas y sectores, empresarios, escritores, funcionarios y gente vinculada a la actividad (¿negocio?) educativa, sin que sean visibles los pedagogos, que son quienes verdaderamente saben del tema, evidenciando nuestra ligereza, al darle el apelativo de sabio, a cualquier personaje distinguido dentro de su propia disciplina. Así como suplicamos para que se apruebe o renueve el Plan Colombia, ¿por qué no impulsar un Plan Colombia Educativo con unos recursos más o menos proporcionales al primero? ¿Cuál es el país que lleva la delantera en el tema y que nos pudiera ayudar? ¿Dónde están los Pestalozzi del mundo moderno, que nos pudieran acompañar? Sin pensamiento moderno que estimule una educación moderna, no podremos enfrentar los asuntos propios de la modernidad. Nuestra presencia retrazada en la modernidad, nos hace ver la realidad de manera no pertinente, no oportuna y obviamente nuestras propuestas de solución, aparecerán como extemporáneas. Dejemos de discutir sobre la cuadratura del círculo y el probable sexo de los ángeles, pues de lo contrario nos dejará el tren y no pasaremos de ser y de actuar como ""pioneros tardíos "", ante cualquier asunto humano. "