Que nos sirva de ejemplo
lunes, 23 de abril de 2007
19/04/2007 Hoy Diario del Magdalena página 004 -- Opinion Col: 3 Cms: 27
La tragedia ocurrida hace tres días en una universidad norteamericana pone sobre el tapete la cultura de la violencia en los jóvenes de hoy, pero especialmente los escenarios en los cuales la misma se desarrolla. Ninguna sociedad está exenta de que le ocurra algo similar. Pero si es bueno llamar la atención sobre lo que está sucediendo en nuestras escuelas y universidades donde de un tiempo para acá se han convertido en cultivo para la generación de las peores especies.
La violencia irracional conlleva a que algunos desadaptados usan las vidas de personas para saciarse de sangre o vengarse en contra de lo que ellos consideran son injusticias de quienes no comparten su modo de pensar o actuar y llegan a consumar de manera despreciable sus instintos criminales segando la vida de los demás.
En Colombia ha ocurrido una cadena de lamentables sucesos en los que se han visto involucrados jóvenes incautos seducidos por el discurso corruptible de quienes pretenden cambiar el rumbo de la historia con la intimidación y la barbarie, comprometiendo a instituciones educativas y, sobre todo, permitiendo la actuación de nefastos elementos que promueven las distintas formas de lucha para satisfacer sus propios intereses.
No en vano en muchos colegios y universidades las autoridades han logrado poner al descubierto siniestras redes al servicio de la violencia que llegan a desarrollar propuestas sediciosas amparadas en supuestos derechos que terminan ocultando deleznables propósitos que si el Estado quisiera detenerlos a tiempo, bien pudieran echar mano en el momento que lo quisiera.
Por fortuna y gracias a Dios todavía no nos ha tocado vivir un infierno como el de la universidad de Virginia, pero a diario se palpan hechos que van degradando a quienes están llamados a construir un nuevo país a base de ideas y no de hechos violentos a los que se llegan por las diferencias políticas, las creencias, las desigualdades económicas o cualquiera de otros tantos factores sociales que engendran la violencia entre los hombres.
Las autoridades colombianas debieran aprovechar la coyuntura de lo ocurrido en territorio norteamericano para revisar a fondo que es lo que se cultiva en nuestras instituciones educativas y el producto que está saliendo de ellas después de los engendros que allí se realizan.
Son comunes los hechos de los que damos cuenta los medios de comunicación cuando se informa que un estudiante atacó a puñal a otro, o hirió o mató con arma de fuego a un compañero. Revisar la estrategia de lo que se está formando es de imperiosa necesidad porque de pronto estamos asistiendo sin darnos cuenta a la creación de muchos otros Cho Seung Hui, el joven surcoreano de 23 años que asesinó el pasado lunes a 32 personas en Blacksburg, Virginia.
Y ese tema debe ser abordado con suma urgencia por parte del Ministerio de Educación Nacional precisamente en estos momentos en que se promueve el llamado Plan Decenal que puede estar preñado de muchos proyectos e intenciones, pero que muy seguramente no tiene ni una coma de lo que son valores y la construcción de una nueva sociedad teniendo como principios sólidos los de la ciencia y el conocimiento. Si esto último se emplea para engendrar violencia así la misma esté disfrazada de autonomía y protesta, estaremos destrozando a las generaciones que están llamadas a conducir con liderazgo a nuestro querido país.