Está en juego el destino educativo

miércoles, 28 de marzo de 2007

15/03/2007 El Colombiano (Medellin) página 005 -- Opinion

Con el debate público sobre el Plan Decenal que está en elaboración, la educación debe dar el gran salto hacia un futuro de calidad y equidad.

Eclipsado por el mundo de acontecimientos noticiosos de estos días, ha venido desarrollándose en el país el gran debate sobre el futuro de la educación. El nuevo Plan Decenal está configurándose en la fase de discusión pública. Se han abierto canales de participación ciudadana para definir temas prioritarios y estrategias, en lo que representa la conversión de lo educativo en asunto de primer orden para el Estado y la sociedad.

Desde 1995, cuando se diseñó el primer Plan Decenal, hasta el presente, se ha verificado en la historia de la educación un cambio de actitud desde los órganos estatales. Se ha incorporado la deliberación pedagógica a la agenda pública, pero además la educación ha dejado de ser el tradicional comodín de los gobiernos, al frenarse, por fin, la vieja costumbre consistente en que la respectiva cartera ministerial se les asignaba, salvo contadísimas excepciones, a ciudadanos que poco o nada tenían que ver con la materia.

La educación ha adquirido entonces la categoría que merece como propósito nacional. Puede suceder que entre las formulaciones teóricas y estimativas del Plan Decenal y la realidad haya todavía inconsistencias. Pero lo cierto es que ahora las comunidades y organizaciones educativas y los ciudadanos pueden contribuir a la identificación y determinación del rumbo educativo del país y a establecer una clasificación ordenada de necesidades y el consiguiente compromiso de afrontarlas con proyectos y estrategias continuos.

La ciencia y la tecnología aplicadas a la educación, el cambio en la forma de enseñar y el uso de tecnologías, el mejoramiento de la formación de los docentes, el incremento de la inversión, la formación para la paz, la equidad y la igualdad de oportunidades, la educación que trascienda el sistema educativo, los programas para la infancia, la rendición de cuentas para quienes presten el servicio público de educar y los problemas de globalización figuran en lo que debe ser, mucho más que un decálogo de buenas intenciones, un verdadero propósito nacional para la transformación humana y social y el acompasamiento del país con los desarrollos más avanzados de la pedagogía y la formación de las generaciones actuales y futuras.

La semana entrante se abrirán, en una nueva fase del debate, los foros temáticos virtuales que aportarán a concretar la visión, los propósitos y la estructura final del Plan. La gente ha empezado a contar en la definición del destino educativo y en particular en el trazado de estrategias que apuntan a la integración de niveles, la calidad, la expansión de la cobertura, la promoción de la equidad, el fortalecimiento de la gestión educativa, la promoción de la cultura y la dignificación del magisterio. Nadie debería marginarse de una discusión en la que está en juego una cuestión vital y del máximo interés público.

De la calidad y la intensidad de las intervenciones dependerá en buena parte que la carta de navegación educativa del decenio sirva para que la educación sea en la teoría y en la práctica un factor esencial para la reducción de la pobreza y la inequidad, como también para el fortalecimiento de la competitividad, como se ha propuesto en los documentos preliminares. Si con el Plan anterior, de 1996 a 2005, se consiguieron avances, con el nuevo documento, que deberá estar listo en julio de este año, la educación, como tema trascendental, debe dar un nuevo salto cualitativo de la retórica a los hechos y de las buenas razones a las obras.

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