El movimiento estudiantil derriba una dictadura — y celebra una victoria que le será cobrada
ENTRADA
El 10 de mayo de 1957, Gustavo Rojas Pinilla renunció a la presidencia. Los estudiantes fueron una de las fuerzas determinantes: movilizados y organizados desde junio de 1954, habían sostenido durante tres años una oposición que el régimen no pudo silenciar. Ese día fueron celebrados como héroes de la democracia. Pocas semanas después comenzaría a aclararse el precio de esa victoria.
DESARROLLO
La alianza que derrocó la dictadura incluyó a los mismos partidos liberal y conservador que habían producido La Violencia. Lo que siguió fue el Frente Nacional, un pacto bipartidista que repartió el poder entre los dos partidos durante dieciséis años y cerró el sistema político a cualquier otra fuerza. Los estudiantes que habían peleado por la democracia se encontraron con un sistema que la administraba como un turno. En los años siguientes, el movimiento estudiantil volvería a las calles, esta vez contra ese mismo sistema. La victoria del 57 fue real pero incompleta: derrocó una dictadura y abrió paso a una democracia restringida.

APORTE AL DERECHO A LA EDUCACIÓN
Lo que esos años mostraron es que el derecho a la educación no se defiende solo dentro de las aulas. Se defiende también en la calle, en la organización y en la capacidad de los estudiantes de actuar como ciudadanos con agenda propia. Un sistema que educa pero reprime esa capacidad no está formando ciudadanos: está produciendo obediencia. La generación del 57 lo entendió. Y pagó por entenderlo.