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Hito 04 · 1870 – 1957

Las mujeres y el derecho a educarse: una lucha de casi un siglo

ENTRADA

Durante casi cien años, el acceso de las mujeres colombianas a la educación fue restringido, condicionado y usado como instrumento de control social. La educación femenina existía, pero estaba diseñada para formar mejores madres y esposas, no ciudadanas. El cambio fue lento, disputado y costó generaciones de mujeres que empujaron contra la Iglesia, el Estado y los propios partidos que decían representar el progreso.

DESARROLLO

La Reforma de 1870 incluyó a las niñas en el sistema, pero con un currículo separado centrado en labores domésticas. En los años treinta, la Reforma de López Pumarejo eliminó las restricciones formales para el acceso a la universidad, un avance real que benefició principalmente a mujeres de élite. Las primeras en ingresar a la educación superior lo hicieron con frecuencia a través de las escuelas normales, para ejercer como maestras, no para incorporarse en igualdad de condiciones a otras profesiones. No fue sino hasta 1954 cuando Rojas Pinilla les concedió el voto, y hasta 1957 cuando se reconoció formalmente la educación sin diferenciación de género. A lo largo de ese proceso, la Iglesia Católica resistió cada avance bajo el argumento de que educar a las mujeres más allá del hogar amenazaba el orden familiar y social.

Fotografía de las primeras mujeres universitarias en Colombia en los años 30

APORTE AL DERECHO A LA EDUCACIÓN

La historia del acceso femenino a la educación muestra que este derecho nunca fue universal desde el principio: fue conquistado en fragmentos, por actores concretos, contra resistencias concretas. El reconocimiento formal de la igualdad educativa llegó tarde y su implementación real aún enfrenta brechas en territorios rurales, comunidades étnicas y educación superior.